Ayer conté por Twitter que en una web de homosexuales de derechas con estudios me llamaban de todo, menos guapo (inexplicablemente). En mi muro de Facebook, una señora muy pesada y muy maleducada me está acosando -y amenazando veladamente- por unas opiniones mías que no le gustan. Y ahora en el siempre recomendable blog de mi amigo El Hijo Rojo me llaman indeseable y submarino del PSOE (y a don Mitxel, y a doña Inés también, por cierto) ¿Qué he hecho yo salvo opinar cosas que al parecer no les gustan a los burócratas y a los fascistas? ¿Cómo se puede enfadar tantísimo alguien por las opiniones de los demás, como para llegar a perder la razón, el buen sentido, el decoro y la dignidad?

Cuando la bronca con Jiménez Losantos y sus trolls liberales, al menos al otro lado había alguien inteligente con quien me divertía mucho polemizar.

¡Qué cosas, oiganustedes!

Venga... meta ruido por ahí



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