Tomás Gómez, una oportunidad perdida para el PSM,

Por Alberto Ginel

En primer lugar quiero agradecer a Don Ricardo la oportunidad que me ofrece de exponer mi punto de vista particular sobre lo que ocurre en el partido en el que milito: el Partido Socialista de Madrid.  En el PSM –como simple militante de base- detecto varios problemas principales. El primero de ellos es el de la falta de impacto real de nuestra labor opositora.

En una Comunidad plagada de víctimas del neoliberalismo, en el principal laboratorio de ensayo de las privatizaciones, en una Comunidad con la sanidad puesta patas arriba, con prácticamente todas las consejerías gürtelizadas y la educación desatendida; con una presidenta que está más interesada en serlo de España… parece que se dan las condiciones necesarias para una oposición correosa, hecha desde la contundencia de las ideas y en la calle. Tal y como está el patio madrileño, la silla de la Puerta del Sol tendría que estar tambaleándose, en cambio parece estar atornillada por muchos años.

Que el PP haya echado raíces en esta Comunidad, en parte es gracias a la permisividad y a la inacción de la oposición, que parece no tener muy claro cómo enfrentarse a la lideresa. Creo que el PSM necesita pisar más la calle y menos la moqueta para comenzar a articular, a sentir y a hacer sentir un proyecto de resistencia y alternativa a las continuas tropelías de la Thatcher española.

No han sido pocas las concentraciones y manifestaciones habidas en Madrid desde que Tomás Gómez dirige el Partido que teóricamente ha de plantar cara a Aguirre -pensando en la alternancia- en 2011. ¿A cuántas de estas manifestaciones vecinales y sindicales convocadas desde la izquierda en defensa de los servicios públicos, ha regalado su presencia Tomás Gómez?

Otro problema visible tiene que ver con el primero (con la falta de movilización y por consiguiente de visibilidad) y es la aparente falta de ilusión, la impotencia, el sentimiento de orfandad que nos acude a tan solo un año y medio de la contienda electoral. Es cierto que últimamente se ha oído a Gómez decir que  “vamos a ganar en Madrid”,  declaraciones que no pasan, desgraciadamente de un voluntarismo despegado de los datos objetivos.  Y es que la ilusión en su acepción de “trampa al ojo” no sirve de nada.

Del dicho al hecho hay un trecho; concretamente 25 escaños. Y no parece que estemos haciendo todo lo que puede hacerse,  todo lo que debería estar haciéndose desde julio del 2007, momento en que Gómez se alzó con la secretaría general suscitando inicialmente grandes expectativas gracias a sus buenas credenciales y a un mensaje superador de los vicios históricos de la antigua Federación Socialista de Madrid. Aún esperamos resultados y avances concretos en nuestras perspectivas electorales.

Como consecuencia de lo dicho hasta ahora, Gómez es el líder regional menos conocido y menos valorado incluso entre los simpatizantes socialistas.

Con estos datos en la mano –creo que contrastables mediante un sondeo casero a realizar en la charcutería, en la parada de autobús o en la universidad- el panorama no pinta precisamente halagüeño. Lo venimos avisando unos cuantos militantes desde hace tiempo y quien avisa no es traidor, aunque este último sea un término con el que se nos moteja  con frecuencia solo por tratar de ver por fin, con nuestro apoyo crítico (como debe ser todo apoyo), un gobierno de izquierdas en esta bendita región.

El blindaje ante la crítica y la opinión de quienes están fuera de la cápsula (es decir, fuera de los metros cuadrados de moqueta y de la cúpula) es un mal que afecta al PSM como afecta a prácticamente todos los partidos en mayor o menor medida.

Y por último, para no abusar más de la confianza y del espacio de Don Ricardo: otro problema que puede ser a la vez causa y consecuencia de todo lo enunciado anteriormente.

A la inercia estratégica y a la pasividad, habría que sumar cierta inercia ideológica. Algo aún más preocupante.

Por decirlo claro: desde la dirección del PSM se han dicho cosas que contravienen las resoluciones congresuales de nuestro partido. Donde se vota denunciar el abandono de los servicios públicos por parte de la derecha y promover sin ambages su reforzamiento como una garantía de cohesión y equidad, surge después aquello de que privatizar un poquito (el 14%) no está del todo mal.

Parece que el PSM está tentado de caer en la misma trampa mortal que ya han pisado por ejemplo, los socialdemócratas alemanes con infaustas consecuencias. Amoldarse a ciertos parámetros discursivos de la derecha o no afrontarlos  con una alternativa sinceramente socialdemócrata y de izquierdas, conlleva la desmovilización de los propios y el desinterés de los extraños, que tampoco cambiarán su voto porque les guiñemos el ojo derecho de tanto en tanto.

En definitiva, hay que aprender de la Historia, de lo bueno y lo malo que ésta nos enseña, de lo que tenemos y no tenemos que hacer. Y creo de ésta aprendemos que la izquierda solo gana en las urnas cuando es capaz de movilizar, de ilusionar, de concitar el apoyo de una mayoría social (especialmente entre los jóvenes) en torno a un mensaje de progreso y de renovación.

La izquierda sólo gana cuando representa fielmente su papel (con fidelidad a sus valores y a sus acreedores), la izquierda sólo gana cuando se desgasta los zapatos en la calle, cuando pasa del despacho a la plaza y al barrio, y no me refiero a hacerlo sólo quince días antes de la consulta electoral. La izquierda solo gana con el trabajo constante del pico y la pala, con el trabajo diario, con la audacia y el tesón.

Esta derecha, este partido de bigotes, correas y espías, de las continuas faltas de respeto al ciudadano, esta derecha aficionada al latrocinio y al expolio (léanse privatizaciones), esta derecha liberal de bolsillos y ultraconservadora de corazón, no puede, no debe volver a ganar en esta comunidad. No, porque en Madrid existe una mayoría social de progreso, que cree –sobre todo después de los últimos escándalos que salpican a la marquesa y a los suyos- que una regeneración política en la región es más que necesaria.

Y si ganan, será por incomparecencia del rival. ¿Y qué pasará entonces? ¿Aguantará Madrid otros cuatro años de Aguirre? ¿Aguantarán en pie esos servicios públicos y esos derechos que tanto costó conquistar?  ¿Resistirán las familias que no reciben la ayuda a la dependencia? ¿Lo resistirán los madrileños que “disfrutan” de una de las peores sanidades del país? No, yo creo que no, y como no soy traidor: lo aviso. Algo tenemos que hacer. Juntos. Unidad de la izquierda, en la izquierda, para un gobierno de izquierdas.

Venga... meta ruido por ahí