La decisión de Inés Sabanés de no presentarse al proceso de elección abierto por la llamada mayoría de IU-CM para elegir la cabecera de la candidatura a las elecciones autonómicas de 2011 es una decisión absolutamente política y en absoluto se puede considerar como personal. Es, además, una decisión política totalmente consecuente con el espíritu que anima el proceso de refundación de la izquierda y con la propuesta de apertura de un proceso abierto para elaborar el programa y las candidaturas de IU-CM que IU Abierta intentó presentar en la Presidencia Regional, sin poder hacerlo, porque la llamada mayoría impidió su debate. Me ha sorprendido mucho, por esta razón, que los dirigentes federales y regionales de Izquierda Unida no quieran valorar la decisión, amparándose en el pretexto de que se trata de una decisión personal. A mí me parece que se trata de una simple excusa tras la que se esconde una cierta cobardía política, puesto que la decisión de Inés Sabanés pone a muchos ante la contradicción entre la refundación retórica y la real. Lo que no me ha sorprendido, en cambio, en absoluto, es la indigencia moral y personal de quien por todo comentario sobre el asunto se ha limitado a hablar en Facebook -que es un foro público, y por eso puedo comentarlo- de los ombligos propios y y de los ajenos.

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