A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Desde hace semanas circula por la red una presentación en la que se denuncia la calidad de los huevos que comemos. Por lo visto, todos los huevos comercializados en España deben llevar inscrito un código cuya primera cifra indica la procedencia del mismo, código que puede ir desde el 0 (huevos considerados como ecológicos) hasta el 3, que serían los más alejados de dicho calificativo o consideración. No han tardado numerosos medios en hacerse eco del asunto. Me gustaría que analizásemos las diferencias de tratamiento entre dos medios escritos, claramente enfrentados por su metodología periodística, sus respectivas audiencias y, especialmente, por su antagónico grado de respeto hacia la dignidad de sus lectores.

El primer dígito se asocia a la forma en que ha estado criada cada gallina. El dígito se debe situar en el intervalo de 0 a 3. Si el primer número es el 3, se refiere a la cría convencional; es decir, a la gallina que crece en jaulas. El 2 es para la puesta de las aves en el interior, el 1 se usa cuando las especies pueden salir al exterior, y el 0 se utiliza para las aves que han sido tratadas de una forma ecológica.

Permítanme que ahondemos un poco en lo que el experto dice sobre los huevos cuyo primer dígito es el 3:

En concreto, cuando el huevo incorpora el código 3 la gallina que lo ha puesto vive en jaulas de un tamaño equivalente a un folio y suelen cortarle el pico para evitar que pueda herir a las compañeras de la multijaula.

A continuación continúa “profundizando” en los otros tres códigos, llegando finalmente a los huevos del código 0, para los que añade:

En el caso de los huevos de tipo 0, las gallinas se integran en una explotación ecológica, viven al aire libre y su alimentación debe proceder en un 80% de agricultura ecológica. También se limita el uso de antibióticos y medicamentos en su crianza.

En principio todo parece correcto, quizás algo pobre, hasta que leemos un artículo dedicado al mismo asunto en el periódico quincenal Diagonal titulado Códigos que delatan la calidad. Leamos atentamente algunos fragmentos de ese artículo:

El primer número nos indica la forma de cría de la gallina: 3 si vive (o ha vivido) en una jaula; 2 si está en suelo (léase nave industrial); 1 si es campera (alguna vez está al aire libre) y 0 si es ecológico (nada de piensos transgénicos en la alimentación). Los siguientes dígitos y letras nos dicen el país de origen de la ponedora, su provincia, localidad y granja.

Hasta aquí nada que desentone con la información ofrecida por el experto de El Periódico de Catalunya. Es más, me atrevería a decir que la información sigue siendo pobre, pero cometeríamos un error si pensásemos que el artículo no irá a más. A continuación, la articulista de Diagonal nos da un dato que la mayoría desconocíamos, incluso tras leer al experto de El Periódico:

(…) las cifras cantan. En 1970 existían en el Estado español unos 42.627 millones de aves que ponían 662 millones de docenas de huevos; en 2007, 42.754, ponían 928 millones de docenas huevos.

Este sencillo dato numérico debería ponernos en alerta, y los lectores más perspicaces se preguntarán lo mismo que la articulista:

¿Cómo se ha incrementado tanto el volumen de producción con apenas 100 millones de gallinas más?

Claro, si con apenas 100 millones de gallinas más se ha conseguido aumentar la producción total en 266 millones docenas de huevos, esto es, 3.192 millones de huevos, no cabe otra cosa que pensar que esos 100 millones de recien llegadas son poco menos que supergallinas o que de algún modo dichas recien llegadas han conseguido estimular la producción de sus perezosas y veteranas compañeras lo cual, de ser cierto, merecería entrar con letras de oro en los anales de la biología. Especulaciones a parte, deberíamos leer lo que tiene que decir la articulista, que a estas alturas se ha empezado a ganar el calificativo de periodista:

Pues volvamos al código y centrémonos en el primer dígito. Probablemente sea un 3, ya que el 98% de las gallinas ponedoras del Estado español viven en jaulas o baterías (si queremos ser más políticamente correctas) con un espacio equivalente al de medio folio. Probablemente le habrán cortado el pico (el estrés provoca que se ataquen las unas a las otras), tendrá osteoporosis y las patas deformadas.

En cierto modo, aunque con algo más de crudeza (¡osteoporosis y patas deformadas!) la periodista de Diagonal dice más o menos lo mismo que el experto de El Periódico, que ya hablaba de jaulas, del corte del pico y de un espacio reducido, aunque algo superior (un folio). Aquí hay una diferencia aparentemente insustancial, aunque disponer del doble de espacio seguramente no sea moco de pavo, quiero decir… de gallina. Como no dispongo de herramientas que puedan permitirme dar mayor credibilidad al tamaño del folio en cuestión lo dejaré aquí, porque el dato aportado por la periodista de Diagonal para entender el prodigioso aumento de la producción de huevos en España es el siguiente:

Está en la naturaleza de la gallina mudar la pluma para volver a poner huevos. Pues bien, para que la ponedora en cuestión sea más ‘productiva’ se le fuerza la muda: nada de agua, ni de comida ni de luz. La gallina baja de peso y, si sobrevive, en dos semanas habrá realizado una muda que de manera natural habría tardado cuatro meses en hacer. Y otra vez a poner.

Izaskun Sánchez Aroca, así se llama la periodista cuyo nombre merece por fin ser escrito, no es una experta en nada o, al menos, no parece que sea preciso que se vista de experta para conseguir mayor credibilidad con sus palabras. Izaskun ha escarbado en un asunto tan cotidiano o trivial como la producción de huevos y el código numérico con el que éstos son etiquetados. En Diagonal hemos podido leer un artículo crítico en el que se ofrecen una serie de datos que, en términos generales, coinciden con los aportados por el experto de un medio masivo pero, curiosamente, nos damos cuenta de que el experto en cuestión no ha mencionado una serie de puntos oscuros que, una vez conocidos gracias al periódico alternativo, no parecen ni despreciables ni insignificantes.

Supongo que la conclusión a la que llaga Izaskun Sánchez Aroca debería bastar para situarnos frente al problema de la producción de huevos:

Lo cierto es que la gallina es otra víctima más de nuestra lógica absurda de consumo donde prima la avaricia de las grandes multinacionales de la alimentación y nuestra desmesura. Consumir a costa de cualquier derecho, cualquier bienestar, humano o animal.

Desde La Habana me preguntan: ¿qué concluyes tú? Mi respuesta es que Falsimedia no necesita contar mentiras para ganarse su execrable condición. El mal periodismo, la contaminación o la mera desinformación se pueden practicar sin necesidad de mentir, pero para entender algo así, para poder apreciar matices como éstos, es preciso prestar atención tanto a los intereses económicos y/o políticos que yacen tras los medios de comunicación de masas como a la simple falta de espíritu crítico frente al sistema de unos medios que se alimentan del mismo (a saber qué anunciantes plantearían una queja al medio que financian (¿compran?) si en el mismo se explicasen con pelos y señales las terribles condiciones en las que, según leemos en Diagonal, viven el 98% de las gallinas del estado español). Leyendo al experto de El Periódico no parece que consumir huevos con un código que se inicie con el número 3 sea algo especialmente grave, indigno o simplemente preocupante, mientras que la lectura de un artículo serio, con una crítica surgida de su propio contenido aunque, eso sí, una crítica nacida de la lectura de dicho contenido y no de la propia redacción del mismo (síntoma evidente de buen periodismo y perdónenme los enemigos de la hermenéutica), nos empuja a plantearnos serias dudas respecto a algo tan fundamental como nuestra alimentación y eso, como dije antes, no es moco de… gallina.

Venga... meta ruido por ahí