manuelfuentesEspaña es sin duda alguna, un país de mierda, un país en el que no merece la pena vivir, un país que necesita que de nuevo, acudan las tropas civilizadoras napoleónicas a poner orden. El partido político responsable de una de las más crueles dictaduras que hubo en Europa en el siglo XX, el partido político que para afianzarse en el poder durante 39 años llevó al país a una guerra civil cuyas heridas aún no se han cerrado, no sólo es legal y nadie le molesta -“si sólo son unos pobres viejecitos“, me decía el otro día una parienta, cuando pasamos por la puerta de su local y fui presa de santa ira- tiene la desfachatez de poner una querella contra el juez que se dispone a investigar sus crímenes, y el tribunal competente admite la querella, el mismo tribunal que ha permitido y la ilegalización de un partido político para que PSOE y PP pudieran hacerse con un gobierno autonómico por el que babeaban miserablemente desde hace años. Como dice Escolar, este es el único país en el que las perdices disparan al cazador.

No nos equivoquemos: la justicia no es independiente en España, porque España es una mierda de democracia, y cada día lo voy teniendo más claro, y me cago en el rey de España, por si sirve de algo. Lo que están haciendo el Tribunal Supremo con las querellas de la derecha y la extrema derecha contra Garzón por investigar los crímenes del franqusmo, y el juzgado número 1 de Illescas contra Manuel Fuentes por haberse convertido en punta de lanza de la lucha contra la corrupción urbanística, es bien claro: es el propio sistema el que habla y el que avisa  a navegantes de que no se va a permitir que se toquen dos pilares esenciales sobre los que se apoya nuestra democracia: la transición y la propia corrupción, que como señaló Inés Sabanés en nuna conferencia, es un proyecto de clase que busca hacer inviable lo público.Y los jueces y las juezas reinterpretan a su gusto las leyes en cada momento, para aplicarlas con manga ancha, cuando se trata de proteger a la gentuza, o con manga estrecha cuando de lo que hablamos es de defender la razón democrática. Es lo que tiene nuestro peculiar pecado original político.

Sobre este asunto han escrito Inés Sabanés, Fausto Fernandez, Javier Mesonero, Hugo Mártínez Abarca, Rafael García Almazán, y Ale Zaldivar entre otros.

Venga... meta ruido por ahí



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