Hace semanas que venimos teniendo un debate gente de Izquierda Unida, primero en una lista de correo interna, y últimamente en algún muro de Facebook, acerca de cómo puede afectarnos la irrupción de UPyD en el panorama electoral.  En realidad son dos debates entrelazados, que tienen lugar de manera paralela, y con posiciones paralelas también.  En el primero de ellos, se discute acerca de cuál va a ser el efecto electoral puramente cuantitativo, es decir, cuántos votos va a quitar UPyD a IU, o, mejor dicho, cómo se va a repartir la representación tras la aparición de UPyD con un número significativo de votos. El segundo debate es, quizás, de más calado: ¿Va a sentirse IU tentada en cambiar en algo su discurso y su política para tratar de evitar ese trasvase de votos? ¿Es deseable un cambio de ese estilo?

Es un error, en mi opinión, porque dejando de lado que Rosa Díez no es una nazi, -aunque es una política populista que encarna en sí misma todos los vicios que se achacan a los políticos en el imaginario popular- el proyecto político de UPyD ni es de extrema derecha, ni probablemente sea de derechas, por más que se insista en ello. Y tampoco hay que obviar que buena parte de su discurso político no sólo es asumible por la izquierda, sino que la izquierda nunca debería haber renunciado a él. Y ello no quiere decir que UPyD sea de izquierdas, porque insisto en que es una fuerza populista que adapta su mensaje a las circunstancias y a las encuestas que le pagan. Lo que quiero decir es que UPyD ha generado su discurso político en torno a una idea que le ha sido robada a la izquierda, y que es, además, una idea claramente de izquierdas. Me refiero a la defensa de un estado común, de un estado fuerte, que garantice la igualdad de derechos y de oportunidades, que garantice los servicios públicos y política fiscal común capaz de financiar el estado del bienestar, sin privilegios históricos ni excepciones sociales o territoriales. Un estado que puede ser unitario –no centralista, ojo- o federal, que puede estar más o menos descentralizado, pero que en ningún caso es, ni vale, el caos en que ha degenerado el estado de las autonomías, paraíso de oportunistas de todo tipo y condición.

Quienes sostienen que UPyD no nos va a hacer demasiado daño electoral lo atribuyen a que UPyD e IU se dirigen a capas sociales diferentes. Otro error, en mi opinión.  UPyD se dirige a la sociedad en su conjunto. Y hace muy bien, porque eso es lo que debe hacer un partido político que aspira a tener influencia y poder aplicar su programa. IU, en cambio, da la impresión de que se dirige sólo a “los nuestros”, y así nos va, y por eso estamos donde estamos. “Los nuestros” votan mayoritariamente al PSOE y al PP. Y ahora, van a empezar a votar a UPyD también. Lo explica muy bien una de las personas que interviene en uno de estos debates de que les hablo:

…a lo mejor sería bueno pensar que si mayoritariamente llegamos a determinados sectores urbanos, con determinada formación y ocupación, estamos haciendo algo mal. Creo sinceramente que más que mirar a UPyD deberíamos saber cuál queremos que sea la centralidad de nuestro discurso político. Para mí está clara y ahora es más urgente que nunca: contradicción capital-trabajo a la que añadiría contradicción capital-naturaleza. Porque si somos un movimiento político y social anticapitalista mal vamos si no buscamos ser referente de las capas sociales más precarias voten a quien voten…

Ahí está el centro del asunto: sólo queremos que nos voten “los nuestros” sólo nos dirigimos a “los nuestros”, voten a quien voten, y si “llegamos a determinados sectores urbanos, con determinada formación y ocupación, estamos algo haciendo mal”. La verdad es que tiene mucha gracia el asunto, porque esos sectores sociales “urbanos, con determinada formación y ocupación” son precisamente los apoyos que debe buscar una formación política de izquierdas y republicana que no tenga los ojos puestos en los años 30 del siglo pasado, sino en la segunda década del presente. Sin que ello quiera decir que debamos dirigirnos exclusivamente a ellos.

En fin, y por volver al centro del asunto: creo que UPyD nos va a hacer mucho daño. En Madrid, y en el resto de España, Y ello al margen de que nos quite muchos o pocos votos. IU Va a ser la parte más perjudicada en el reparto de escaños, porque es claramente minoritaria con respecto al PSOE y al PP, y además, va a pasar de ser la tercera fuerza política a la cuarta, si es que consigue representación.

No se trata de cambiar nuestro discurso sobre el modelo de estado por adaptarnos a la aparición de UPyD. Se trata de corregir un error muy importante que venimos cometiendo hace años: la defensa del estado como herramienta de redistribución de la riqueza.

Sin complejos, y sin concesiones.