A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

El otro día recibí en mi correo electrónico un mensaje de esos que se envían masivamente, un revienta buzones de tres al cuarto que pedía un apagón general contra las grandes empresas eléctricas para el próximo 15 de Febrero. Entre frases repletas de visceralidad y cabreo contenido, me impactó ésta:

¡¡¡Con sólo 5 minutos (de apagón) haremos un hueco en sus arcas, que se acordarán de todos a los que nos están robando!!!

Mira que llega a ser estúpida la gente, pensé. Luego me tranquilicé al comprobar la realidad lectora de este penoso país, con cifras tan aterradoras como la que dice que el 45% de la población no lee nunca o casi nunca. Todo me quedó claro entonces, empezando por el voto masivo a los grandes partidos y, claro, la toma en consideración por parte del rebaño patrio de esos correos revienta buzones que sólo sirven para limpiar las tristes y patéticas conciencias de dicho rebaño.

Endesa es la empresa responsable de uno de los puntos calientes en ríos establecidos por la International Rivers Network durante el 2006, que corresponde al polémico proyecto de construcción de cinco centrales hidroeléctricas en la Patagonia Chilena, llamado Proyecto Aysén. Las centrales tendrán una capacidad total de 2.355 MW y costarán 3.500 millones de dólares, si se tiene en cuenta la construcción de la línea de transmisión de Aysén al centro del país, que es donde consumirá la energía producida.

Con el permiso y aquiescencia del supuesto gobierno progresista de la presidenta Bachelet (ex-gobierno ya) se ha venido actuando de forma escandalosa e intolerable contra el pueblo mapuche que, para que nos entendamos, son los habitantes de una de las muchas Pandoras (léase de “Avatar”) que hay en el mundo. Vaya, que si algo bueno tiene esa película que (casi) todo el mundo ha visto ya, es que propone una metáfora de la realidad imperialista mundial. Leamos otro fragmento de ese artículo sobre los mapuches y Endesa en Chile:

La expansión internacional de la multinacional ha hecho que en la bolsa de Madrid sus ganancias se hayan incrementado un 80 por ciento en los últimos 4 años, por lo que la primera misión mencionada en su página web (“hacer máximo el valor de la inversión de nuestros accionistas”) está cumpliéndose. Los sustanciosos beneficios se construyen con varias líneas de negocio, que son principalmente, la compra de empresas clave en el sector energético de la región, la subcontratación de tareas que conlleven mayores gastos para reducir costes y la construcción de mega proyectos que hagan negocio a sus principales accionistas: consultoras, constructoras y bancos. El principal mega proyecto de Endesa en Chile, hasta ahora, ha sido la presa de Ralco.

Quedémonos con el nombre de esa presa, como si fuera el yacimiento de ese mineral tan caro que los “malos” de la película de marras quieren extraer del subsuelo de Pandora. Los mapuches serían el “pueblo na’vi” de turno, indígenas a los que se pretende expoliar mediante la codicia imperialista. Sigamos leyendo el artículo:

Esta presa es parte de un gran embalse en la cuenca superior del Alto Bio-Bio. El territorio había sido habitado ancestralmente por comunidades mapuches pehuenches. La población mapuche lleva resistiendo en sus tierras ancestrales las distintas oleadas de colonización por parte de conquistadores, latifundistas y empresarios, por lo que representa un símbolo de supervivencia de su cultura. La tierra era propiedad comunitaria y plurifamiliar donde tenían los cultivos y practicaban el pastoreo. El impacto de la inundación de 3.500 hectáreas de esta región determinó que todos los informes técnicos que encargó la Comisión Nacional del Medio Ambiente (CONAMA) rechazaran el proyecto. La Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI), organismo creado para defender la cultura de las poblaciones indígenas y hacer respetar la Ley Indígena 19253, también se opuso de manera contundente a la venta de las tierras mapuches para la construcción de la presa.

Vaya, que si en Avatar querían destruir un inmenso árbol en el que vivía la tribu de los na’vi, en Chile pretendían inundar un territorio ancestralmente ocupado por el pueblo mapuche. Cambian los sujetos protagonistas, los instrumentos de represión y los espacios físicos correspondientes, pero la realidad conceptual es exactamente la misma. Aquí es donde podemos señalar una de las debilidades de Avatar, película que nos presenta un esquema simplificadísimo y pueril de las realidades imperialistas. Recordemos que los malos (humanos) pierden una épica batalla y son expulsados por las tribus locales en un inverosímil “happy end”. ¿Alguien cree que en una situación normal se acabaría ahí la historia? ¿Alguien cree que esos mismos malos dejarán de enviar refuerzos desde la Tierra o desde donde sea para luchar por ese preciado mineral que hay en Pandora? Vamos hombre… En Chile, como en tantos lugares del mundo (Irak, por ejemplo) la realidad supera a la ficción y, evidentemente, los poderes imperialistas terminaron por utilizar sus mejores armas:

Ante el fuerte rechazo del proyecto, Endesa empezó a mover hilos dentro de los poderes políticos y mediáticos. La respuesta del gobierno a la presión ejercida por la compañía fue el permiso del CONAMA para la construcción de la presa; la expulsión del Director Nacional de la CONADI, que se oponía al proyecto, para sustituirlo por un representante indígena favorable al mismo; la construcción de un poderoso marketing publicitario que mostraba a las familias pehuenches que no querían desplazarse como refractarios al desarrollo; el abuso de poder al realizar el llenado del embalse sin avisar, de modo que se inundó un cementerio mapuche; la criminalización de los líderes indígenas acusados de terrorismo y la obtención de las tierras a través de procesos irregulares con familias que no entendían el contrato. El resultado fue la inauguración de la presa hidroeléctrica en el año 2004.

Al contrario que en Avatar, donde nos pintan un irritante final feliz que estropea o desvía la atención del probable mensaje antiimperialista que impregna la película, en Chile no hubo victoria para los nativos, para los mapuches. Es más, como acostumbra a suceder en estos casos, la problemática sólo hace que agravarse tras superar las dificultades iniciales. Así leemos lo que ya anunciaban a modo de resumen en el párrafo inicial:

Dos años después de la inauguración de Ralco, Endesa quiere construir y poner en marcha las 5 presas en Aysén, que tendrán una potencia cuatro veces superior a Ralco. Tiene a favor el poder político y empresarial chileno, no en vano se acaba de asociar a una de las grandes empresas eléctricas chilenas, Colbún, para repartir el coste económico. La jugada es muy inteligente, se comparten gastos y desmontan el discurso de mega proyecto realizado por una empresa extranjera.

Y ahí estábamos en 2006, cuando ese artículo fue escrito, ante un Pandora con el nombre de Chile y unos na’vi con el nombre de mapuches. Ésa es la cruda realidad imperialista de las multinacionales depredadoras que, como sucede con Endesa, pasan por encima de lo que haga falta con tal de conseguir sus objetivos económicos  y luego perseveran con sus actuaciones, porque jamás quedan saciadas, siempre quieren más. Pero para Endesa Chile es muy importante, claro. Avatar, a pesar de su fantasía, a pesar de su inocente final, a pesar de simplezas propias de la era en la que vivimos, consagrada a un infantilismo extenuante y a un nihilismo sin parangón en la historia de la humanidad, sirve de metáfora para una realidad muy común en nuestro planeta, mucho más común de lo que nuestras sociedades pueden imaginar y de lo que los medios de intoxicación masiva están dispuestos a revelar. Podría expandir mi reflexión ad infinitum, porque si es bien cierto que ni Cristo se ha movilizado en nuestras sociedades por los mapuches, no es menos cierto que no hace tanto se organizó un buen berenjenal cuando Gas Natural quiso comprar a Endesa y pasó lo que pasó, incluyendo el ridículo paso del señor Pizarro (entonces presidente de la compañía eléctrica) a las filas del PP como reclamo electoral en 2008. Que cada cual reflexione por qué causa tanto jaleo un debate estúpido como aquél mientras el silencio más estruendoso envuelve realidades infinitamente más serias y criticables como las de los pueblos indígenas masacrados por esas mismas multinacionales. Que cada cual reflexione por su cuenta sobre eso.

Desde La Habana me preguntan: ¿apagamos las luces el 15 o no? Mi respuesta es que no puedo menos que cachondearme de los que piden que apaguemos la luz durante 5 minutos para presionar a una multinacional, de modo que no aumente sus tarifas. ¿Subida abusiva de tarifas? ¿Qué coño sabremos lo que es abusivo? No se puede ser tan inocente. Hay que mirar más lejos. Defiendo cualquier acción que se lleve a cabo para denunciar a estas empresas depredadoras, pero no comulgo con esa matriz egocéntrica, interesada e individualista que sólo nos lleva a movilizarnos cuando nos vemos afectados nosotros, cuando nuestros bolsillos temen perder unos pocos euros. A los mapuches que les zurzan, aunque, la verdad, seguramente la gran mayoría ni sabe que existen. Llevamos muchos años constatando los increíbles abusos de tantas empresas u organizaciones en América Latina (las españolas sobre todo) y en otros lugares, a las que no les hemos dicho nada. Hemos votado a los partidos políticos que las han apoyado, que las han defendido, que han negociado con las autoridades de países como Chile para que dichas empresas dispusieran de vía libre, nos hemos encendido (no es mi caso) cuando líderes comprometidos con las causas indígenas como Evo Morales en Bolivia o Hugo Chávez en Venezuela, han decidido nacionalizar sus reservas de petróleo o gas o han luchado por un reparto más justo de sus riquezas naturales, líderes a los que desde Falsimedia se insulta y denuncia cada día, CADA DÍA, ¿y ahora hay que movilizarse para apagar la luz durante 5 minutos?

Por mucha simpatía que de entrada pueda sentir ante una protesta contra Endesa, no puedo dejar de criticar el poco alcance de este tipo de campañas, campañas que no hacen sino confirmar que nos gusta a todos mirarnos el ombligo mientras a miles de kilómetros se destruyen ecosistemas, se desahucia a pueblos enteros y se oprime a sociedades indefensas ante la barbarie capitalista que les asola y que, no nos engañemos, permite que disfrutemos de un nivel de vida más que aceptable, ¿o es que el expolio y el imperialismo no nos beneficia? Será por eso que callamos miserablemente si no nos afecta directamente. Si al final nos congelan las tarifas de la luz y funciona la protesta, que zurzan al resto del mundo, que los medios de comunicación se encargarán de que no nos enteremos salvo que sea preciso ingresar unos euros en las cuentas bancarias de unos bancos que se llevarán las oportunas comisiones, como sucede en el caso de Haití. Primero nosotros y después nosotros, como nos han enseñado, como hemos aprendido. Para los demás, compasión y unos euros, los que nos ahorremos tras las protestas.

Venga... meta ruido por ahí



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