Curiosa acusación, cuando el fraude intentó organizarlo la propia Timoshenko, amenazando con que los interventores electorales de sus candidaturas se pondrían “enfermos” y no podrían acudir a los recuentos en aquellos colegios donde no previera una victora clara, aprovechando la extraña legislación electoral que anula el recuento allí donde no aparecen los tales interventores. Las fuerzas democráticas ucranianas, es decir, todas, salvo la de Timoshenko, realizaron inmediatamente una reforma legislativa para evitar tal fraude, con la opinión en contra de la OCDE, que no tengo claro qué derecho tiene a decir nada al respecto de las elecciones en Ucrania. Lo cierto es que esa reforma ha impedido que Yulia Timoshenko anulase el voto de toda la zona este y sur del país, incluyendo Crimea -que el ucraniano Kruchev traspasó de soberanía rusa a ucraniana siendo mandamás soviético-  poblada mayoritariamente por rusos. Así que ahora, lo que toca, es que occidente, la UE, Estados Unidos, la Otan y la OCDE se callen la boca -si pueden- y escuchen cuál es el futuro que la extremadura rusa quiere darse a sí misma, y lo respeten, sin amañadas, falsas y teledirigidas revoluciones de colores.

Y si las autoproclamadas luminarias democráticas del mundo necesitan alguna causa justa que defender, se pueden fijar de nuevo en las terribles tropelías que el estado terrorista que no tiene derecho a existir, es decir Israel, está cometiendo contra todo lo que se mueve en los territorios ocupados. No contentos con cortar el suministro de Gas a Gaza en lo peor del invierto, y con la colaboración de la Unión Europea, ahora se dedican a secuestrar ciudadanas europeas.

Hala, señores demócratas europeos, a trabajar, que hay lío.

Venga... meta ruido por ahí



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