A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Las hordas estupidizadas por Falsimedia, aturdidas y extasiadas ante un celebrado evasor de impuestos, lo esperaban desde hacía mucho tiempo, dos años, según cuentan las crónicas, y el Domingo, tras una larga e interminable espera, este señor resucitó cual mesías y volvió a subirse a lo más alto del podio en ese circo del capitalismo exacerbado y desmedidamente consumista especializado en quemar combustible para enriquecer a unos cuantos chorizos conseguidores y aprovechateguis, más conocido como Formula 1, en el circuito situado en uno de esos petroestados de oriente medio aliados del imperio que sirven de ejemplo a administraciones consagradas al despotismo y la corrupción, petroestados caracterizados por su desprecio por ciertos derechos humanos.

Además, el gachón asturiano, que se estrenaba con su nueva escudería, la del pony-pijo de rancio y caro abolengo, y un no tan novedoso patrocinador del universo mafioso bancario, el delincuente de facto que en su momento pervirtió la ya de por sí pervertida legislación española para eludir su a todas luces merecidísima entrada en el trullo, habrá podido comprobar hasta qué punto se celebró en España su victoria en tan “insigne” carrera, pues las antecitadas hordas paralizaron su inmerecido descanso dominical para tomar parte de un ritual que promete nuevas emociones durante los próximos meses, al menos hasta que el rojo transalpino (no, no me refiero a Gramsci) impregne sus cerebros.

Desde La Habana me preguntan: ¿cómo se vive en medio de tanta bobería? Mi respuesta es que no se vive; se sobrevive. La marea roja domina (y más que dominará) nuestra realidad mediática y, por tanto, social. Por fin somos un país de rojos, rematadamente estúpidos y bobos, pero rojos, si es que no lo éramos ya. Sintamos el orgullo de ser españoles, celebremos nuestra españolidad, ¡arriba España y la madre que la parió!…, que muy a gusto se quedó.