No puedo ocultar, ni lo voy a hacer a pesar de que algunos zangolotinos petimetres vayan a ponerme a caldo en los comentarios, que admiro a Fernando Savater. En lo personal, me parece encomiable y extremadamente valerosa su resistencia al terrorismo etarra. En lo político y en lo intelectual, me parece un tipo muy interesante por su llamado constante a algo tan complicado como poner siempre la razón por delante del prejuicio a la hora de realizar tomas de posicion. Su adscripción a UPyD, un partido político que probablemente le va a hacer a mi propio partido mucho daño electoral -porque el daño político nos lo hemos hecho nosotros mismos- y del que me siento tan cercano como lejano, no resta ni un sólo miligramo de la admiración que siento por él. Lo único que me rechina de su comportamiento político es esa especie de vicio por la perfección que tienen algunos intelectuales cuando se compromenten en política, que parece que juegan a todo o nada, como si la política se desarrollara en el mundo luminoso de las ideas, y no donde realmente lo hace, que es en el interior de la caverna, que está siempre oscura, fría, húmeda y embarrada.

Por estas razones, me ha sorprendido un acto de Fernando Savater del que me ha informado un amable lector por correo electrónico. Savater, al parecer, es taurino. A mí no me parece mal. O sí, porque ya saben ustedes que yo soy antitaurino. Lo que me sorprende es que haya aceptado defender las corridas de todos leyendo un manifiesto tan estúpido -y tan contrario a sus posiciones- como el que ha leído. No es propio de Fernando Savater, al menos no del Fernando Savater al que yo admiro, que es el Fernando Savater al que la idea de España se “la sopla“, el que explica en el video que encabeza estas líneas que las ideas nacionales son entelequias metafísicas que no le interesan, convertirse en la voz de un manifiesto que defiende las corridas de toros “como una de las señas de identidad de nuestro país y nuestra cultura“,  que “ forman parte de nuestro patrimonio cultural y como tal deben ser respetados y protegidos por el Gobierno de la nación“.

Hubiera sido interesante que Fernando Savater, para plasmar su firma en el manifiesto, lo hubiera mejorado aportando argumentos que no hicieran referencia a la identidad nacional, que quizás los haya, y es lo que se espera de un intelectual de su talla, cuando se le pide que rubrique una proclama. Lamentablemente no lo ha hecho, así que quizás tengamos que pensar que don Fernando sea, a fin de cuentas, un patriota más.

Admirable, como muchos otros, pero patriota.

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