En las últimas semanas, han aparecido varios casos que salpican al propio Joseph Ratzinger como encubridor. No hay que buscar mucho para encontrar su responsabilidad directa. Antes de ascender al trono de San Pedro, Ratzinger presidía la Congregación para la Doctrina de la Fe, la antigua Inquisición. Entre los sumarios archivados por el ahora Papa está, en 1999, el del propio Marcial Maciel: el pederasta que fundó los Legionarios de Cristo.

En Reino Unido, el biólogo Richard Dawkins y el escritor Christopher Hitchens están promoviendo una denuncia para pedir que se arreste a Ratzinger durante la próxima visita a Londres con la misma doctrina legal que se aplicó con Pinochet. “Este hombre no está por encima de la ley”, dice Hitchens. Dice una obviedad, por mucho que aún hoy escandalice.

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