A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Miércoles, alrededor de mediodía. Nos dice una compañera de trabajo: anda, ¿sabéis que ha muerto Samaranch?. Mi reacción la dejó de piedra: “Un facha menos” (1). No pude resistirme. Claro, en este mundo de silencios interesados e intoxicación mediática, es natural que nos quedemos con las loas y los vítores a personajes que tienen mucho que explicar y dejan pendientes muchas respuestas a preguntas que nunca les han hecho más que de forma general y siempre intentado no molestar. Ya conocemos la dictadura mediática.

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En este punto, traigo hasta aquí unas palabras de Salvador López Arnal que vienen como anillo al dedo:

No hay por qué volver a repetir con detalle lo ya sabido. Un breve resumen. Juan Antonio Samaranch no emitió durante el franquismo ninguna palabra de condena a aquel Régimen responsable de la desaparición, tortura, exilio y muerte de miles y miles de ciudadanos. No lo hizo, entre otras razones, porque fue parte sustantiva y beneficiada del sistema. Fue miembro de Falange Española desde muy joven y no sé exactamente cuando dejó de estar vinculado al partido fascista español. Fue tarde, bastante tarde [2]. Fue nombrado presidente de la Diputación barcelonesa en los años setenta. En tiempos malos para la lírica, pero buenos, muy buenos, para los negocios y los “emprendedores” alejados de exquisiteces morales.

Y sólo plantearé una rápida reflexión: a pesar del vídeo, a pesar esa gota de agua en el desierto de los elogios, los panegíricos y las retahílas de consternación y admiración por su profunda catalanidad, el bien que hizo por Catalunya y por su capital, es muy instructivo ver de dónde procedían las loas. Sólo recuerdo en aquel informativo vespertino de TV3 unas palabras críticas por parte de Joan Ridao, diputado de ERC. El resto, incluyendo a Jordi Pujol y a no pocos socialistas, grandes elogios y ni una sola referencia a su trayectoria fascista. Cuando interesa, cunde el olvido y los poderosos hacen piña para defender a uno de los suyos.

Desde La Habana me preguntan: ¿qué quieres decir? Mi respuesta es que ahora toca olvidar, porque sólo se utiliza la memoria cuando interesa porque, vaya por dios qué casualidades, nos encontramos en unas semanas en las que buena parte de la sociedad (y muchos de los que ayer loaban sin tapujos a Samaranch) se quejan, protestan, se enfadan, se manifiestan, se concentran y denuncian que el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón está siendo perseguido por querer hacer justicia histórica, por querer recuperar la memoria de los crímenes del Franquismo.

No sé si el politburó del PCC se da cuenta de la profunda, inmensa y asquerosa hipocresía que late en todo este asunto. Algunos en este penoso país nos hacemos cruces del descaro con el que se producen estas situaciones, de la poca vergüenza y falta de escrúpulos de una sociedad (con sus representantes políticos, sus ciudadanos embobados y contagiados de consternación –no todos afortunadamente– y la mafia mediática) enferma, desquiciada, realmente nauseabunda. Mañana volveremos a denunciar lo que le pasa a Garzón, al que por un día muchos ponen en stand by. Hoy toca recordar a un facha que hizo mucho por Barcelona.

Notas:

(1) La foto es de 1974.

(2) Enlace para ver el vídeo, que recomiendo encarecidamente, especialmente los 14 segundos que van desde el minuto 0:47 y el 1:01.