Desde hace unos cuantos meses están ocurriendo cosas que me están obligando a replantearme alguna de las que han sido las bases de mi pensamiento y de mi actuación política de los últimos años, y a ello dedicaré proximamente  una entrada que estoy preparando, y que desgraciadamente no he tenido a tiempo para ofrecérsela a ustedes el 14 de abril. Hoy -al calor de la detención de un grupo de abogados a los que se acusa de pertenecer a ETA- quiero hablar de algo concreto, como es el uso político del terrorismo de ETA.

No he dicho nada sobre el tema de Egunkaria. No lo he dicho desde que hace ya mucho tiempo empezaron a avisarme en los comentarios de este blog de lo que había ocurrido y estaba ocurriendo, ni lo he dicho ahora, cuando finalmente se ha sustanciado la absolución de los acusados. Al principio no dije nada por dejadez intelectual: es muy difícil distinguir en este tema, sin vivir allí, sin conocer a quienes les conocen, sin saber más que lo que sale en los medios, de los que naturalmente no te fías demasiado, hablar sobre ciertos temas. Egunkaria es uno de ellos. Ahora, cuando la sentencia está dictada y publicada, ya no digo nada por vergüenza: “¿si me lo estaban advirtiendo, cómo no he dicho nada antes? ¿De qué vale que lo diga ahora?“.

Es un hecho incontrovertible que ETA mata a gente, mata a personas tan inocentes como usted y como yo, y es un hecho incontrovertible que ese es un comprotamiento delictivo que hay que reprimir. Sin embargo, ese hecho incontrovertible no se puede aprovechar para reprimir más allá del delito. Es muy difícil distinguir en ciertas zonas limítrofes el entorno real del delito -que hay que reprimir- de lo que PP y PSOE han definido como el entorno en sentido amplio, y al que han genrado la represión de manera entusiasta. El caso de Egunkaria refleja perfectamente esto que quiero decir. Muchas veces, quienes no tenemos nadie allí con quien hablar, sólo podemos fiarnos de nuestra intuición, porque la información indirecta la que viene a través de los medios, está  siempre más o  menos viciada por intereses no revelados.

Volviendo al centro del asunto, no me ha sorprendido saber que han detenido a un grupo de abogados cuyos clientes eran presos etarras, ni me va a sorprender la marea de información que vamos a conocer en los próximos día acerca de la profunda implicación que estos letrados tienen en la organización terrorista. El caso Egunkaria, al margen de la gravedad que tiene en sí mismo, ha contribuido a abrirme los ojos -o mejor dicho, a reabrírmelos- respecto a la escasa fiabilidad de este tipo de información, y a mi incapacidad para distinguir qué es verdad y qué no lo es.Hasta hace poco, la verdad oficial era que los acusados de Egunkaria eran etarras convencidos. Hoy, lesde debemos varias decenas de millones de euros. ¿Quién es capaz de garantizarme que mañana no deberemos algunos millones de euros a los abogados detenidos ayer.

Por ello, no sólo no celebro las detenciones sino que tiendo a pensar que como ya me han engañado demasiadas veces, y me he dejado engañar, como he señalado antes, lo más probable es que sea mentira. Y es posible que me equivoque. O no.

Venga... meta ruido por ahí



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