El otro día les decía a ustedes que hay cosas que hay que saber. En aquel momento, me refería a la tabla de multiplicar, cuya utilidad no niegan ni los Amys. Hoy, lo que quiero que sepan ustedes es lo que ocurre en la policía autonómica catalana, y como el consejero de Interior, Joan Saura, tiene que verselas con los intentos coporartivos de las organizaciones policiales sindicales y profesionales, para evitar que se les impongan normas de conducta, y con la izquierda idiota, que, por lo general se opone a todo lo que venga de las instituciones, especialmente si esa institución es la poicía.

Joan Saura es el consejero de Interior Catalán que pensó, con bastante buen criterio, que si se ponían cámaras en als dependencias policiales en las que los mossos interogan a los detenidos, se reduciría el riesgo de torturas y malos tratos. No era una sospecha aventurada, por dos razones: la primera es que frecuentemente había denuncias contra agentes de la policía catalana por malos tratos. La segunda, que algunos malos tratos estaban filmados. Eso le costó la enemistad de muchos policías y, sobre todo de muchos mandos.

Joan Saura tiene como uno de los objetivos de su mandato en la consejería de Interior imponer a la policía un código ético. No pare falto de razón que aquellos funcionarios que son los que detentan la exclusividad del estado en el uso legítimo de la violencia, y de cuya buena práctica profesional dependen los derechos y libertades de los demás, tengan un especial control tanto ético, como jurídico, e incluso político.

Lean aquí la interesante historia de cómo los altos mandos, los sindicatos y las organizaciones profesionales de la policía catalana han impedido la aprobación de un proyecto de  Código Ético redactado por el fiscal jubilado Carlos Jiménez Villarejo e impulsado por el consejero Joan Saura.