A Sueldo de La HabanaPor don Lucien de Peiro

Este artículo o la idea del mismo empezó a gestarse leyendo un escrito de Escolar que realmente no era suyo sino que se trataba de un comentario en su blog sobre la crisis griega que este periodista quiso destacar. En dicho comentario y en algunos posteriores del mismo hilo, de un tal “Insignificante”, podíamos leer cosas como éstas:

La cuestión es que el capitalismo no es ya sólo un modelo económico, sino un modelo “cultural”, profundamente implantado en nuestra sociedad. (…) Si sacas al empleado de su papel como trabajador y lo colocas en el de empresario, reproducirá a la perfección el rol que se le presupone a éste. (…) Básicamente, no (sólo) estamos ante un problema de clases (nosotros, los explotados, los buenos, contra ellos, los explotadores, los malos). Es un problema más profundo, a nivel cultural. Todos estamos metidos en la misma dinámica (…), con la salvedad de que algunos pocos consiguen estar más arriba y la mayoría se queda en los niveles de abajo (aunque siempre con esperanzas de ascender). (…) Conozco a más de un sufrido trabajador explotado que cuando ejerce de explotador (por ejemplo, sobre la inmigrante que le limpia la casa) lo hace que da gusto. ¿Acaso no somos también explotadores los de la “working class” cuando compramos cada día productos baratos producidos en régimen de explotación en países subdesarrollados? Nos da igual… (…) Quizá lo que debemos preguntarnos es: ¿por qué los griegos no asaltaron el parlamento cuando el gobierno estaba endeudando el futuro del país y poniéndolo en manos extranjeras? ¿Acaso porque vivían a gusto con los niveles de “crecimiento” que había? Aquí deberíamos haber protestado, sin ir más lejos, en época de vacas gordas, cuando se veía claramente que estábamos hipotecando el futuro del país en ladrillo y empleo basura. (…) Criticamos mucho, y con razón, a los mercados, a los especuladores, a las instituciones. Pero deberíamos plantearnos también el papel de la ciudadanía. ¿Víctimas del pérfido sistema… o también tontos útiles y colaboradores cuando nos conviene? El sistema habría que refundarlo, sí, pero empezando por nosotros mismos. Mi apunte es que el trabajador está adormilado: acepta el sistema mansamente a menos que éste llegue a una situación en que él salga directamente perjudicado. (…) El capitalismo nos ha desideologizado. La gente no protesta ahora por un arrebato revolucionario, o por cambiar la sociedad, sino por salvar el culo. Si hubiéramos estado más despiertos, no habríamos tenido que llegar a este punto. Yo miro a mi alrededor y lo que veo es gente cabreada, pero sus aspiraciones consisten básicamente en volver al año 2005. (…) Tampoco quiero decir que la disidencia sea inútil o innecesaria, ni mucho menos. Simplemente, me cuestiono por qué en la práctica NO existe esa disidencia, en un contexto histórico y social que, al menos en apariencia, es absolutamente propicio para que florezcan posiciones alternativas o al menos favorables al cambio. (…) La crisis ha demostrado que, en buena medida, su trabajo de homogeneización del pensamiento ha cosechado buenos frutos: ante una crisis que parecía que iba a cambiarlo todo y que ha dejado al aire las miserias sobre las que se sustenta el sistema, resulta que éste está saliendo incluso reforzado, mostrando un grado envidiable de resiliencia…

Cuando pensaba que tan sólo me había limitado a saborear una opinión que comparto y que, además, estaba perfectamente expresada, me fui encontrando durante la semana pasada ejemplos de materialización para la misma. Así me lo empezó a parecer mientras leía un interesante escrito de Salvador López Arnal en Rebelión, del que extraigo también unos fragmentos:

“Pasapalabra” es un concurso diario que se emite de 20:15 a 21, que ha incorporado en los últimos tiempos, como toque de modernidad y renovación a la altura de estos tiempos de subordinación sin gritos, la inclusión de publicidad directa, sin cortes, sin avisos, vía presentador, en el desarrollo del propio concurso (…). En una sección del juego, el concursante debe acertar palabras de seis letras. Conoce cinco de ellas; una es nueva; le informan de la letra que debe cambiar para alcanzar la nueva palabra con las restantes letras, en igual o distinto orden. Le definieron “tetera”. El concursante acertó. Le dijeron entonces que la letra que tenía que cambiar era la “a”. La nueva palabra contenía, pues, las letras t, e, t, e, r, no la a, y una nueva letra más en el orden que el concursante estimara. El presentador del programa leyó la definición de esa nueva palabra y (…) dijo más o menos lo siguiente: “Muñeco con hilos o gobernante y presidente de países como Venezuela y en otros tiempos, los países de la Europa del Este”. Ni más ni menos, tal cual, real como la vida misma. La ideología y el ataque-toque político-cultural en el puesto de mando. El concursante, atento seguramente a la primera parte del enunciado, no se rebeló indignado por la segunda, dijo sin vacilación “TÍTERE” y el presentador respondió “correcto”, y el programa siguió su curso sin más problemas. Ninguna nota de disculpa, desde luego, en programas de días posteriores. ¿Los presidentes de países como Venezuela son títeres? ¿Qué países son países “como Venezuela”? ¿Cuba, Ecuador, Bolivia? ¿Los presidentes de los antiguos países de Europa del Este, todos ellos, sin excepción, fueron títeres manejados por hilos moscovitas? ¿El presidente Chávez es una persona que se deja manejar por otras? ¿Por Raúl Castro acaso? ¿O acaso los que elaboran las preguntas pensaron en la acepción puertorriqueña de la palabra “títere”, id est, “Pilluelo, vagabundo”? ¿El presidente Chávez es un pilluelo? ¿Un vagabundo acaso?

Y es que, ahí es donde voy, el fenómeno cultural diagnosticado certeramente por aquel “Insignificante”, que de insignificante tenía bien poco, está directamente relacionado con el “buen hacer” de los medios de intoxicación masiva, la mafia mediática, Falsimedia. Es muy cierto lo del factor cultural que determina nuestra pasividad frente a los horrores del capitalismo pero no podemos minimizar la lucha de clases y que desde ciertas instancias, mejor identificadas de lo que muchos quieren creerse, se trabaja intensamente para que el fenómeno cultural capitalista arrecie viento en popa en el trayecto hacia la autodestrucciuón de nuestras sociedades, quién sabe si de nuestro mundo, salvo que ciertos “títeres” no lo remedien. Vaya, que el factor cultural antecitado no tiene casi nada de natural y no dudo, como “Insignificante” afirma, que el capitalismo nos ha desideologizado, aunque lo ha hecho y lo hace de forma controlada, vaya, que no es del todo exacto afirmar que todos estamos metidos en la misma dinámica, porque hay algunos que están por encima de la misma, porque dicha dinámica no escapa a la mano del hombre, dicho así, con ese asqueroso toque patriarcal que menta al “hombre” cuando debería mentar a la humanidad entera.

Desde La Habana me preguntan: ¿podrías ejemplificar esa compatibilidad entre el nihilismo del que en el fondo hablaba “Insignificante” y la que para nosotros es inequívoca lucha de clases? Mi respuesta es que basta con prestar atención a uno de los elementos más ilustrativos del estado mental de nuestra sociedad, que viene alimentado por los poderes económicos y financieros: quisiera llamar su atención sobre un reportaje emitido el pasado Jueves en TV3 en el que de un modo algo superficial o acelerado se podía intuir la evolución de la Televisión desde el tardofranquismo hasta nuestros días. Más allá del autobombo y el prisma sesgado de muchas cuestiones que allí se trataron, me gustaría destacar unos fragmentos de dicho reportaje.

En primer lugar, hacia el minuto 10, tras haber visto a Miguel de la Cuadra Salcedo pelearse con una boa constrictor en algún lugar remoto del Amazonas, descubrí que dicho periodista fue el único en entrar en el estadio nacional de la capital Chilena tras el golpe de estado contra el gobierno de Salvador Allende. Si pueden acceder al vídeo (1) fíjense en las palabras de Pinochet (hacia el minuto 10:30), en las imágenes dentro del estadio y, sobre todo, fíjense en las preguntas de un militar a un joven detenido, presunto militante “izquierdista”. Esto lo emitió la televisión franquista, que obviamente pretendía hacer un lavado de cara del señor Pinochet, de su abyecto y recién instaurado régimen. La televisión merece infinitas críticas desde que tenemos memoria pero hacia el minuto 20 del reportaje en cuestión empezamos a descubrir en qué se ha terminado convirtiendo. Las palabras de Rosa Maria Calaf (es la banalización y la frivolización del tratamiento informativo (…) prima la idea del impacto sobre la importancia, hacia el minuto 21:02), las de Jesús Hermida (no soporto de ninguna manera el programa donde nos están diciendo “porque nosotros, los periodistas”, hacia el minuto 25:03) o las de Julia Otero (la tele es un espejo de la sociedad, estamos en un mundo en el que las cosas profundas, largas, reflexivas, tienen una pésima reputación, hacia le minuto 25:17) resuenan con fuerza.

Hacia el final de ese mismo reportaje hacían referencia al programa “21 días”, un programa que no sería del gusto de Hermida, un programa en el que la presentadora se enfrenta a situaciones difíciles, la misma presentadora que curiosamente promocionaban al día siguiente desde el diario Público (Mediapro), y eso que su programa es del canal Cuatro (Prisa), afirmando que se despedía desnudándose. Recordemos que Público es el diario que se jacta de su ética periodística, defendiendo la dignidad de la mujer, prohibiendo los anuncios de contactos y prostitución en sus páginas. Esto lo leía el Viernes por la mañana, con las imágenes del programa de TV3 en mente, de modo que hice uno de mis ejercicios favoritos, que no suele fallar: comprobar las noticias más leídas en diversos medios. Éste fue el resultado en las páginas de los dos principales medios escritos del estado español, El País y El Mundo, el pasado Viernes a mediodía: proliferación de noticias sobre sexo, pornografía, violencia, sucesos, deportes y, cierto, algún espacio para las elecciones británicas entre otras “banalidades muy serias”. El lector prototípico de Falsimedia se interesa por lo que se interesa y es la propia Falsimedia la que nos lo dice en sus listas de noticias más leídas. Las noticias con móvil sexual alcanzan los primeros puestos rápidamente. Los medios lo saben y las potencian. El fenómeno cultural capitalista se retroalimenta a sí mismo: sexo, consumismo masivo, alienación, nihilismo, puro nihilismo. Es, efectivamente, un fenómeno cultural, como decía “Insignificante”, pero un fenómeno cultural alimentado o patrocinado por los medios de intoxicación en un entorno de innegable lucha de clases. Un fenómeno definitivamente aterrador.

Nota:

(1) Disculpin les molèsties, TV3. Emitido el día 6 de Mayo de 2010 a las 21:50h. Según la página web de TV3, este vídeo estará disponible hasta el próximo 20 de Mayo a las 22:10h.

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