Prueba

Lo que tienen los liberales, sobre todo, es que son unos pedantes de mucho cuidado. Da igual que se reconozcan de derechas o de izquierdas: son unos pedantes que disfrutan ecribiendo unos artículos generalmente muy largos, en los que citan profusamente a autores alemanes a los que por lo general no han leído, salvo quizás algunas citas en alguna soflama de Libertad Digital o del Instituto Juan de Mariana, escrita por alguien que tampoco suele haber leído ni Tom Sawyer en ediciones resumidas, y con páginas de tebeo intercaladas. También suelen poner en sus artículos párrafos en esa jerga simiesca que está tan de moda ahora, ya saben ustedes, el inglés. Con ello, se creen que escriben para una minoría selecta que es la que tiene las claves para entenderles, y algo de razón no les falta, la verdad, porque escriben para sí mismos y para cuatro amiguetes. De vez en cuando, para llamar la atención, o porque les brota el monstruo pinochetista que llevan dentro, escriben algun despropósito, normalmente  hacen sin ninguna gracia. De todos ellos, el único que tiene un poco de gracia, porque en él y en sus escritos -más largos que los discursos de Fidel Castro- conviven  perfectamente y se dan la mano el lamentable pedante petimetre y el matón de discoteca: el reflexivoIracundo. Por estas razones es el único de todos ellos al que respeto un poco. Pero me voy por peteneras, que lo que yo quería contarles hoy es que los ultras se han vuelto a fijar en mí. Miren, miren, hasta me llaman hijodeputa en este blog, que forma parte de un agregador que pretende hacerse pasar por liberal de izquierdas.

¡Abajo la propiedad privada!

Venga... meta ruido por ahí



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