NOTA: Si quieren expresar su apoyo como usuarios a la huelga de los trabajadores del Metro, pueden hacerlo a través de la página del PP Madrid, pidiendo con educación -siempre es más efectivo y no hay necesidad de ofender- que trasladen su mensaje a la Presidenta. Pinchen aquí, para hacerlo.

Señora presidenta:

Soy usuario del metro, y le escribo esta carta indignado por la actitud de la empresa Metro de Madrid, de la que usted es máxima responsable política.

Como responsable política del metro, usted gasta ingentes cantidades de dinero en campañas publicitarias que no paran de repetir que Madrid tiene uno de los mejores metros del mundo, hecho que no pongo en duda, pero que sin duda no es un mérito que deba atribuirse usted, cuya presencia en las estaciones del suburbano se reduce a cuando tiene que ir a inaugurar algo, sino a los trabajadores y a las trabajadoras que, cada día, lo ponen en funcionamiento y permiten que decenas de miles de personas lleguen a sus trabajos, a sus citas, a sus quehaceres diarios…

Como usuario del metro, le hago responsable a usted y a la dirección de Metro de Madrid de los perjuicios causados, y como trabajador, abomino de usted y de sus posiciones políticas y me solidarizo con mis compañeros. La negociación colectiva es la garantía de que las condiciones de trabajo no dependen de la arbitrariedad de una de las partes, la empresarial. Por eso, cualquier cambio en el convenio colectivo debe ser pactado, y no se puede imponer mediante un decreto o una simple orden. Si a esta consideración sociopolítica añadimos el hecho de que los convenios colectivos son Ley, nos encontramos con que ustedes, al tratar de bajar por decreto los salarios de los trabajadores del metro, están atentando gravemente contra la seguridad jurídica, tan querida por los liberales.

Por otra parte, el derecho de huelga es también esencial en cualquier democracia que quiera ser realmente tal, y su actitud es claramente represiva en este aspecto. Es evidente que para usted los servicios mínimos no pretenden garantizar el derecho de nadie a desplazarse, sino que buscan reventar la huelga haciéndola invisible. No se puede entender de otra manera que se impongan servicios mínimos del 50% del servicio de manera permanente, cuando sobre ellos los tribunales han dicho ya, como mínimo, que no están suficientemente razonados. Todo ello por no hablar del hecho inaudito de que haya 2.800 trabajadores expedientados –900 de ellos amenazados de despido- como consecuencia de su participación en una huelga. Estamos hablando de casi el 40% de la plantilla, que se dice pronto.

Me despido, doña Esperanza, reiterando en calidad de usuario, le hago responsable a usted y a las direcciones política y empresarial del Metro, de los perjuicios y trastornos que la huelga ha causado o pueda causar en el futuro a la ciudad de Madrid, y le pido que reconsidere su actitud, retiren los expedientes sancionadores, la amenaza de bajar los sueldos al margen del convenio, e informen a los trabajadores y a sus representantes de la situación real, para estudiar conjuntamente las medidas que haya que tomar, si es que hay que tomar medidas.

Para terminar, una orden, más que una petición: si la huelga se enconara de nuevo como consecuencia de su actitud cerrada y represiva, no me utilice a mí, usuario del Metro, para crear tensión entre los trabajadores y los usuarios. Yo apoyo cualquier medida que tomen los trabajadores en defensa de sus derechos y los míos –el derecho a la negociación colectiva y a la huelga son también mis derechos y estos días los defienden los trabajadores del Metro-, y estoy dispuesto a asumir cualquier perjuicio o retraso que ello me pueda causar.

Sin otro particular, la aprecia en lo que vale

Ricardo Royo-Villanova Martín

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