Están los colmados chinos que no dan abasto vendiendo banderas. Todo el mundo quiere tener su bandera de España, para acudir a las celebraciones patrias que con tanta alegría y desenfreno paralizan nuestras ciudades estos días, sin servicios mínimos ni leches, por cierto, que ayer, para llegar al Café Comercial casí me da un pasmo del calor que pasé. Contagiado del fervor patrio -y siguiendo el ejemplo de mi querida amiga Tania, que ha adornado su ventana con una bandera de España- he decidido comprarme yo también una banderita como la de Tania, y ponerla en mi balcón (es decir, en la ventana de mi amplio, soleado y ajardinado patio interior, porque balcón, lo que se dice balcón, pues no tengo).

Así que aprovechando unas gestiones que tenía que hacer yo esta mañana por la calle, y que la fresca estaba esta mañana suelta, por algún motivo que se me escapa, pues he decidido meterme en uno de esos colmados y comprarme una banderita.

–  Buenos días, quiero una bandera de España.

–  Muchas pala elegil, señol, glande, pequeña, mediana, bufanda, pin, pulsela, camiseta…, me dice el dependiente, señalando una percha que cuelga del techo y de la que chorrea, literalmente, España.

–  No, esta no, quiero una bandera republicana.

–  Lepublicana, no entiendo, señol.

–  Sí, con la banda de abajo morada en vez de roja.

– No entendel señol qué quelel decil. Sel telcelo hoy que pide eso. Si yo sabel qué es, mañana tlael.

Así que ya ven ustedes, hay otros dos leales en mi barrio.

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