Voy a intentar aclarar un poquito las cosas, que veo que el debate se descentra: no existe el derecho a la huelga, ni el derecho al trabajo. La huelga no es una ocasión para dar un testimonio de fe, ni para manifestar desacuerdo con la reforma laboral del gobierno reaccionario de José Luis Rodríguez Zapatero. La huelga es un desafío, un reto, una acto de desobediencia, con el que los trabajadores nos defendemos del ataque más violento que ha habido contra nuestros derechos -pero que es el primero de una larga serie de contrarreformas que vienen detrás si no ganamos la huelga-, que consiste en demostrarle al gobierno que podemos parar el país, quieran o no quieran los trabajadores trabajar, porque motivos para no querer hacer la huelga, hay muchos, y la mayoría de los que no quieren, en realidad no quieren porque han sido amedrentados por piquetes violentos de empresarios, al mando del sinvergüenza del presidente de la CEOE. Los sindicatos, que son los legítimos representantes de los trabajadores, porque que se someten cada cuatro años a procesos electorales en las empresas, intentarán parar el país y causar el mayor quebranto posible, no dar testimonio de fe de nada, ni entablar con nadie debates sobre el porcentaje de seguimiento de la huelga, con la intención de torcer el brazo al gobierno en su pulso antidemocrático. El país se para parando lo sectores y servicios estratégicos.

Y el que quiera ir a trabajar, tiene derecho a hacerlo andando. Y los piquetes, a insultarle a gusto, por gilipollas.

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