De entre los fenómenos que me intrigan hasta más no poder, sin duda hay dos que son mis favoritos: uno de ellos es el de la escritura automática -la ouija tampoco está mal-, y el otro es el PSOE, o mejor dicho, la capacidad que tienen para ser ellos mismos y justo lo contrario muchos militantes socialistas. Vienen estas reflexiones a cuento de la portada de Público de este sábado, en la que se ve al nuevo ministro de Trabajo, al que junto a la oportunista Rosa Aguilar se pretende presentar como avalista del gobierno por la izquierda, mientras que en la portada del domingo del mismo periódico, el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE advierte que el estado del biestar se tendrá que amoldar a la necesidad de las reformas.

A mí esto me parece algo de carácter absolutamente sobrenatural ¿Cómo se puede explicar que alguien que está en contra de las reformas -que no son reformas, sino recortes de derechos- que está llevando a cabo ZP, pueda después votarle? No son diferencias de matiz, no son diferencias puntuales sobre una ley: son asuntos cardinales, esenciales, porque suponen estar a un lado o al otro de la frontera que separa a los que queremos conservar el estado del bienestar -y por lo tanto el de derecho, a la larga- y los que quieren destruirlo. Zapatero, sin duda, está en este segundo lado. Es por ello, muy dificil entender a quienes dicen estar en aquel lado, pero siguen apoyándo a ZP, el poder no me cambiará.

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