GerardoPues a mí me parece una injusticia terrible lo que le ha pasado al pobre Gerardo Díaz Ferrán. No creo que se merezca que sus vicepresidentes en la CEOE se reúnan sin invitarle y decidan obligarle a dimitir. Gerardo Díaz Ferrán representa a la perfección al empresario español: trilero, mangante, defraudador, autoritario y chulo, pero  todo ello con naturalidad, con mucha naturalidad, como si nadie esperara que fuera de otra forma. El atraso en el desarrollo español con respecto a otros países europeos se debe, entre otras cosas, a que los empresarios españoles siempre han considerado sus empresas como canteras de beneficio rápido, y las han exprimido hasta arruinarlas, para hacerse después con otras a las que dar el mismo tratamiento, mandando miles de trabajadores al paro, y cientos de familias a la miseria, y tratando de reinvertir el menor porcentaje posible de los beneficios de sus empresas o de los capitales que le birlan al estado mediante los más diversos trucos…

¿No es eso lo que hace magníficamente Gerardo Díaz Ferrán? ¿No representa acaso magníficamente esa forma tan española, tan nuestra, de ser empresario? ¿A qué viene entonces su destitución?

¡Pobre hombre, pobre hombre, no hay derecho!

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