En ese momento la historia queda suspendida en el aire; millones de hombres y mujeres aguantan la respiración para no hacer ruido, para no significarse. En ese parlamento asaltado por fuerzas del ejército se está decidiendo en unas horas el modelo de futuro. Muchas personas habían aprovechado la apertura para significarse, para mostrar públicamente las ideas que tuvieron que ocultar durante décadas y temen que la represión regrese, asesine, encarcele, acabe con proyectos vitales o silenciosas ilusiones colectivas como lo hizo el régimen durante décadas.

Entonces un hombre, una sola persona, simboliza la resurrección de la libertad, la garantía de que se camina a la democracia, de que no se va a volver atrás, un solo ser humano condensa en esas horas el deseo colectivo y mayoritario de consolidar una democracia. En agosto de 1991, en Moscú, el hombre que recondujo el proceso político hacia las libertades fue Boris Yeltsin. El 23 de febrero de 1981, en el asalto a nuestro Congreso de los Diputados, fue Juan Carlos de Borbón.

Lean completa esta interesante reflexión sobre el 23F que escribe en su blog, ¡Quitándole el fuego a los dioses!, don Emilio Silva. Los comentarios, allí.

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