La reina de Dinamarca debe de tener la piel muy fina si no acepta que sus acciones y sus inacciones como jefa de estado estén sometidas a la crítica, que es lo que hicieron Juan López de Uralde y otros activistas de Greenpeace en la pasada Cumbre del Clima de Copenhage, cuando se colaron en una cena de jefes de estado para protestar por la inacción de los principales líderes mundiales a la hora de salvaguardar el planeta de las emisiones de gases de efecto invernadero.
“Los políticos hablan. Los líderes actúan” era la pancarta que los delicados ojos de la Reina de Dinamarca y el resto de líderes mundiales tuvieron que ver el pasado mes de diciembre, y que les costó a López de Uralde y a otros tres activistas de Greenpeace pasar las navidades entre rejas en una penitenciaría danesa. Ahora, sabemos que la fiscalía del país nórdico ha acusado a los activistas ecologistas nada menos que de allanamiento de la morada de la reina de Dinamarca, cosa que podría costarles hasta dos años de cárcel, sacando del armario una cláusula legal que no se usaba desde hace 75 años.

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