Si yo fuera diputado, sin duda votaría en contra de la intervención. Pero no porque no esté de acuerdo con que se frene a Gadafi por la fuerza -eso ya lo expliqué ayer-, sino porque no me fío de los que están llamados a intervenir, y de cuáles son sus verdaderas intenciones. No es posible que España participe en una operación miltar contra Libia que, como leíamos ayer en la prensa, ha estado a punto de ser combatida tecnología vendida por España. Es de una hipocresía espectacular que ayer les hayamos vendido las armas con las que hoy están asesinado a los civiles y resistiendo a los aviones de la alianza, como es de una hipocresía espectacular que Gadafi haya sido hasta hace semanas “nuestro amigo”.

Pero ojo, no discrepo de la idea de la intervención militar: ¿no hubiésemos querido en España, durante la guerra contra el fascismo, apoyo armado de las democracias occidentales? ¿No agradecemos infinitamente a la URSS ,la ayuda que nos dio? ¿No hemos hecho ciudadanos españoles a lo sbrigaistas internacionales que lo han deseado, en agradecimiento a su heoica injerencia en nuestros asuntos internos? Pues eso.

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