Leo asombrado esto, y no puedo evitar pensar en España, un país que le llevaría la delantera a la República Checa si llegase a prohibir al Partido Comunista por su propuesta programática, ya que aquí hemos ilegalizado sin despeinarnos ya varios partidos políticos por lo que dicen o dejan de decir en sus declaraciones públicas sus representantes y dirigentes. Y anuncio una cosa para que quede muy clarita: si se extiende la manía española de prohibir partidos políticos y en la República Checa se llega a prohibir al Partido Comunista -al que no se puede acusar de ninguna manera de emplear la violencia- sin que se plantee la expulsión de la tal república de la Unión Europea, entonces consideraré defintivamente muerta la democracia en Europa y en España, y entenderé que todos -y digo todos- los medios de lucha son legítimos.