Llámenme ustedes melodramático si quieren, pero digo y afirmo con total seriedad y sin asomo de ironía que los niveles de indisimulada represión de las libertades básicas a los que está llegando la democracia canovista que Franco tan amablemente nos legó son ya insuperables. La Junta Electoral Central ha prohibido la concentración de Sol, y en particular la asamblea de esta tarde, prevista para las ocho, con el peregrino argumento de que la petición de voto responsable a la que hacen referencia muchas personas de las que resisten al caciquismo en la Puerta del Sol “puede afectar a la campaña electoral y a la libertad del derecho de los ciudadanos al ejercicio del voto“.

Es realmente inaudito el mensaje que la Junta Electoral Central está dando a la ciudadanía:

estamos en campaña electoral – nos dicen- y hagan ustedes el favor de no tocar las narices a los partidos, que son los que pueden pedir el voto, los que pueden condicionarles a ustedes con amenzazas de todo tipo, con publicidad engañosa, con presiones y con un amplio abanico de estratagemas, pero ustedes, simples ciudadanos, no; cállense, véannos trabajar, escúchennos, y luego, voten lo que les digamos, que es la fiesta de la democracia“.

Ya ven ustedes qué cosas pasan, en plena campaña electoral, cuando se supone que el debate político debe estar a pie de calle, cuando nuestras plazas deberían ser corros de ciudadanos discutiendo y debatiendo sobre las propuestas políticas en liza, va el organismo encargado de velar porque ese debate se produzca, nada menos que la Junta Electoral Central, y nos dice que no podemos reunirnos en asamblea -el foro político por excelencia- para debatir nuestro voto, y para pedir a los demás que voten lo que nos parezca.

¡Pues que viva la Pepa!

Venga... meta ruido por ahí