Las circunstancias y las coyunturas políticas cambian. A veces muy deprisa. Por eso, ciertas decisiones deben ser revisadas sobre el devenir de los acontecimientos. A mí, la decisión de IU de Extremadura me ha parecido muy correcta, y luego explicaré por qué. Antes, sin embargo, quiero señalar que Cayo Lara se ha hecho prisionero de sus propias palabras, con aquella frase que tanto ha repetido durante la campaña de “ni por activa, ni por pasiva…” Es cierto que no permitir gobiernos del PP fue una decisión de la dirección federal de IU, pero tomada antes de una campaña electoral que ha cambiado muchas cosas en la política española, y antes de unos resultados electorales mucho peor de lo esperado para el PSOE y para la izquierda en general.

Al margen de cualquier otra circunstancia, y de que el movimiento del 15M no se pueda limitar en  las fronteras ideológicas ni programáticas de ninguna formación política concreta, lo cierto es que se trata de una marea de descontento popular con las políticas económicas que están haciendo en la Unión Europea –y por lo tanto en España- los dos grandes partidos políticos: liberales y conservadores, por un lado, y los mal llamados socialdemócratas por el otro. Unas políticas que se caracterizan por recortes constantes, contínuos y con vocación de irreversibles en el gasto social al dictado de entidades económicas que se han arrogado una autoridad que democráticamente no les corresponde, y que han conseguido poner a su servicio a los estados democráticos, al margen de que en ellos gobierne una u otra de las opciones mencionadas anteriormente.

Hace dos meses, no se habría podido escribir el párrafo anterior, porque nadie creería que en España fueran posibles manifestaciones como las de hoy, o como las del 15 de mayo, ni la creación del movimiento que las ha convocado y hecho posibles. Si a eso unimos que el 23 de mayo nos encontramos con uno de los peores varapalos electorales recibidos por el PSOE, es lógico y legítimo concluir que mucha gente que hasta hace no demasiado tiempo estaba dispuesta a aceptar al PSOE como mal menor, probablemente ha dejado de hacerlo, y ya no le vota ni con la nariz tapada. El PSOE, al menos el PSOE que acepta en el Gobierno de la nación el dictado de Alemania y las entidades financieras, no es el mal menor: es el mal en sí mismo, y nadie puede pretender honestamente que lo que pide la calle es que se le permita gobernar, porque lo que pide la calle son políticas radicalmente diferentes a las que está haciendo, y va a seguir haciendo hasta el último momento.

Todo esto no era así cuando el Consejo Político Federal de IU adopta el acuerdo de no permitir gobiernos del PP, ni había estallado el 15M, ni se había manifestado tan claramente el castigo electoral al PSOE. Quizás el acuerdo estuviera mal redactado, y lo que tenían que haber aprobado es no permitir gobiernos de la derecha. Pero al margen de la redacción del acuerdo, lo cierto es que si hoy, Izquierda Unida de Extremadura decide apoyar al PSOE de Extremadura, lo que habría hecho es comprometerse como muleta de un partido político que, en el Gobierno de la Nación, y en los gobiernos autonómicos a los que pertenece –desde hoy al de Navarra, en coalición con la derecha de UPN- está haciendo políticas antisociales y liderando el recorte del estado del bienestar en España, al dictado de gobiernos extranjeros y entidades financieras no elegidas democráticamente. Ello por no hablar de la deslealtad extrema que siempre ha tenido el PSOE, y particularmente Zapatero, con IU, que apoyó sus gobiernos con generosidad suicida durante la primera legislatura.

Es posible que esto le cueste caro a Izquierda Unida, pero a Izquierda Unida las cosas suelen costarle caras siempre. Lo que tiene que hacer Izquierda Unida es explicar lo que ha hecho y por qué lo ha hecho, y no permitir que el partido que hace pinza con la derecha contra la gente para aplicar políticas de recorte social le saque la mentira saducea de la pinza.

¿Sabrá hacerlo?