Miren, por hacer memoria histórica: en 1936, mientras los capataces y los matones asolaban España, con la intención declarada por el capataz en jefe de matar a todos aquellos españoles que fuera necesario, la familia Botín decidió poner parte de su patrimonio a buen recaudo en la siempre generosa y neutral Suiza. Los empresarios españoles es que siempre han sido muy patriotas. El Estado español resultante de la masacre que organizaron la oligarquía económica y sus capataces, lógicamente, nunca le pidió cuentas. Los capataces se habían convertido en los que llevaban el estado, y ellos, gozaban de nuevo de la tranquilidad que siempre da el hecho de que los enemigos de clase más significados y conscientes hubieran muerto todos en una reciente epidemia de fusilamientos. Así que en bien de todos, y para tranquilidad de la patria, escondieron al enemigo bajo las cunetas,  dejaron el asunto estar, y el dinero se quedó en Suiza, generando pingües beneficios.

Un día, restaurada en España una democracia que ya parece claro que es de mínimos, todo salta a la luz, porque un empleado desleal de un banco suizo hace llegar a las autoridades fiscales españolas una lista de cientos de chorizos de guante blanco que tenían las cuentas suizas a rebosar de dinero por el que no pagaban al fisco ni un céntimo. Ni el 48, ni el 53, ni el 1. Nada.

Hacienda, que como siempre está al servicio del que paga -aunque en este caso el que paga ha resultado ser moroso- permite a los putos ricos éstos que “regularicen” su situación y queden en paz con las arcas públicas, haciendo la vista gorda al hecho incontrovertible de que esta gentuza ha cometido presuntamente graves delitos, por los que deberían pagar con penas de cárcel, incluso aunque saldaran toda su deuda con los intereses correspondientes. Y encima, los muy chulos, pretenden que la cosa prescriba, y para ello, han mandado a Hacienda furgonetas enteras llenas de papeles, con los que pretenden que sea imposible comprobar si realmente han saldado su deuda o no. Que seguro que no la han saldado, se lo digo yo que estoy carcomido por los prejuicios.

Dado que hay mala voluntad evidente en el hecho de que los Botín y el resto de ladrones de guante blanco cuya lista esconden -por cierto- los padres de la patria, que han decidido que no se puede hacer pública, el Gobierno debe emitir un decreto que establezca la obligatoriedad de esta gente de ponerse al día de su deuda, no de cinco años atrás, como parece que va a ser la cosa, sino de al menos, desde que se restauró la democracia de mínimos, con las cantidades actualizadas, y los intereses de demora que corresponda. Y una vez saldada la deuda económica con Hacienda, hay que saldar la deuda penal, y abrirles un proceso por ocultar presuntamente capitales al fisco.

Porque claro, si a los ladrones de guante blanco se les permite “regularizar” -curiosa palabra en este contexto- su situación devolviendo el dinero que deben a Hacienda, y se libran así del proceso penal, entonces, habría que dar la oportunidad -por poner un ejemplo- a todos los etarras encarcelados, de que “regularicen” su situación dando el pésame a los parientes de sus víctimas.

Y supongo que no es plan.

Venga... meta ruido por ahí



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