Ya ven ustedes lo que son las cosas: si usted, como es mi caso, manda a su hijo a un colegio público, se encontrará este curso con menos profesores, con los que hay más descontentos, y con menos medios, porque las autoridades educativas han decidido que la educación es uno de los servicios públicos que hay que recortar.

Pero no es esa la única razón por la que las administraciones públicas tienen menos dinero para dedicar a servicios esenciales, entre los que está la educación. Hay otra muy importante: el dinero que las administraciones públicas no destinan a la enseñanza pública sirve, entre otras cosas para pagar parte de la factura escolar de aquellas familias que han decidido escolarizar a sus hijos en la enseñanza privada. No en la concertada –que eso es otro cantar-, sino en la privada.

Sí, sí… Si usted tiene rentas altas, por ejemplo 120.000 euros anuales, y dos hijos escolarizados en un centro del Opus de esos que segregan a los alumnos según sean niños o niñas, o en uno de esos otros de las autoconsideradas élites progresistas, se podrá deducir 1.800 euros en su declaración de la renta.

Aquí les dejo, para que se escandalicen ustedes, un enlace a la página de un selecto colegio de Madrid, en el que la directora explica a las familias en una circular la existencia de estas magníficas oportunidades de saqueo express al estado por parte de las clases medias, que tan “inmersas están de coyuntura económica y social”. Lean la circular, que merece la pena, por dos razones. La primera de ellas, es porque así podrán conocer de primera mano la desfachatez y la caradura de esta gentuza. La segunda, para que admiren la inconsciencia de los padres de clase media, que, sin problema de ningún tipo, mandan a sus hijos a estudiar a un colegio cuya directora es incapaz de expresarse en castellano en una simple circular.

¿Por qué tengo yo que pagarles el colegio a los pijos? ¿Por qué el colegio en el que estudia mi hijo, de carácter público, está sometido a constantes recortes, a los que se sobrevive, principalmente gracias a la entrega y la calidad profesional de quienes en ellos trabajan, y en cambio se permite a quienes pueden pagar carísimas facturas de colegios públicos que desgraven por ellas en sus impuestos, de manera que yo les ayudo a ellos a pagar sus caprichos, mientras que ellos insolidariamente se niegan a contribuir al mantenimiento de lo que es de todos?

¡Me cago en la clase media y en la madre que la parió!

Venga... meta ruido por ahí



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