Hoy voy a hacer un poco de demagogia. A pesar de ello, tengo más razón que un santo en lo que voy a decir. Esperanza Aguirre es una indecente. Una persona miserable, una política rastrera, una asaltahaciendas, que no duda en imponer a las personas a su cargo condiciones de vida y de trabajo draconianas, a la vez que ella misma, con fondos públicos, se autoadjudica emolumentos que ha pretendido durante años mantener ocultos. Hoy, hemos sabido que esta rata cobra en torno a nueve mil euros brutos mensuales, que se convierten en casi seis mil brutos.

Soy partidario de que las personas que dedican parte de sus vidas a la política –como las que las dedican a otras cosas- cobren por su trabajo cantidades de dinero que les permitan llevar una vida digna, y que además sean acordes a su responsabilidad. Sin embargo, cuando nos encontramos en una situación como la que vivimos, en la que un día nos aumentan la edad de jubilación, otro día anuncian que se deja de pagar a las residencias concertadas, otro se bajan salarios, otra se dejan de contratar profesores para la escuela pública, y otro se reduce a la mitad la paga extra de los médicos, después de haber cerrado ambulatorios, los políticos que promueven dichas medidas no pueden quedar fuera de ellas. Por dignidad, por honestidad y por credibilidad entre otras razones.

No basta con hacer simbólicas bajadas de sueldo, ni con quitar de aquí para poner allá. La presidenta de la Comunidad de Madrid, el Presidente de la Generalitat de Cataluña, el mismo presidente del gobierno, sea cual sea su responsabilidad y sea cual sea su situación personal o familiar, no pueden cobrar sueldos que quintuplican en el mejor de los casos el salario de las personas a las que están pidiendo sacrificios.

Ha dicho Artur Mas que los usuarios de las residencias asistidas que van a dejar de cobrar la subvención durante dos meses, no van a ver mermada ni la cantidad ni la calidad de los servicios. Es mentira, salvo que lo que esté queriendo decir es que los trabajadores de dichas residencias lo que tienen que hacer es trabajar sin cobrar durante ese tiempo. Y luego, ya veremos. Es eso justamente lo que quiere decir, como cuando esa otra rata que responde por Lucía Figar, conocida entre otras cosas por haber hecho público su plan de trasladar la financiación de la escuela pública a la privada católica –no a la privada, ojo, sino a la católica-, dice que ningún profesor de instituto de Madrid va a impartir asignaturas para las que no esté preparado, en realidad lo que quiere decir es que los profesores tendrán que hacer lo que se les diga, porque la escuela pública es la de los pobres, y da igual que quien enseña francés a los pobres sepa o no francés (lean esto, por cierto).  Total, nunca lo va a hablar esa gente tan ordinaria… Todo esto es una cuestión de clase. Pero no de francés, sino de clase de las que luchan. Es lucha de clases, y nos están ganando.

Quienes piden todos estos sacrificios, tienen que hacerlos también. No puede ser, insisto, que sueldos millonarios recorten los sueldos de profesores y médicos quasimileuristas y recorten aquellos servicios sociales como la educación, la sanidad, la atención a la dependencia que, además de suponer en sí mismos un reparto más justo de la riqueza, son la base de la igualdad de oportunidades.

Sabemos que Esperanza Aguirre es, junto a su marido, propietaria de un patrimonio valorado en 6 millones de euros. Su familia es una de las más poderosas de España, y posee grandes fincas, entre otras una en Guadalajara en la que se construyó, seguro que dentro de la Ley, porque eso ya lo tienen resuelto en esta democracia basura- una estación de AVE que utilizan 15 personas al día. Y eso es lo conocido. Seguro que hay más…

Miento a Esperanza Aguirre, no tanto por su patrimonio sino por lo insultante de su actitud, porque todo esto valdría igual para para Maria Dolores de Cospedal, Artur Mas o para el mismísimo José Luis Rodríguez Zapatero. Deben cobrar –como todos nosotros- sueldos dignos y a la altura de responsabilidades, pero en situaciones extraordinarias como las que vivimos, en que se piden grandísimos sacrificios a prácticamente todo el mundo, ellos no pueden salir como si nada hubiera pasado, con recortes cosméticos del 2%.

Porque los profesores, los administrativos los médicos o los auxiliares de enfermería a los que piden los sacrificios, también tienen responsabilidades, y ello no es óbice para hacer recortes les afecten, por partida doble: en el salario que reciben, y en los servicios de los que son usuarios.

Quizás sea demagógico decirlo y proponerlo, pero es una verdad como un templo, y si quienes nos gobiernan no se ponen a sí mismos salarios de subsistencia –es decir 1.200-1.500 euros al mes- estamos gobernados por gente indigna.

¿O no?