Creo que el otro día fui un poco simplista en algunas de las observaciones que hice sobre el movimiento 15M y su efecto en las elecciones generales del pasado 20 de noviembre. Varias personas, entre ellas, don Sebas Martín, doña Pintiparada y don Emilio Silva, así me lo han señalado. Y como son personas a las que tengo la mayor consideración política, he pensado que pudieran tener razón. Y alguna tienen: quizás haya sido injusto y un poco simplista al expresar mi posición.

También soy consciente de que no he participado demasiado en el movimiento en sí. He acudido a las grandes convocatorias y lo he apoyado desde el primer momento -a veces de forma un tanto crítica- a través de mis perfiles sociales, pero no he participado en su día a día, ni en sus debates internos, a los que siempre alguien me ha invitado cuando he expresado alguna crítica, cosa que agradezco. Cada cual es dueño de su compromiso, y yo he preferido encauzar mi militancia en otros derroteros: la creación de una nueva formación política que atienda esas y otras inquietudes. Es posible que esta participación de “baja intensidad” en el 15M me impida conocer en profundidad el devenir del movimiento, pero desde luego, no me deslegitima para hacer críticas. Por eso las hago,y deben ser entendidas como críticas desde dentro. Sigo apoyando al 15M

Además, considero que el 15M es un movimiento apartidista, pero no apolítico, y considero que forma parte de la izquierda. Aunque a muchas personas no les guste definirse ideológicamente, ni quieran etiquetar de tal forma al movimiento de los indignados, se trata de una lucha política que busca una democracia real, más abierta, más transparente y más participativa, y que sea la política, a través de unas instituciones verdaderamente democráticas, la que controle la economía y no al revés. Ese es claramente un programa de izquierdas, incluso socialista, pero socialista de verdad.

Dicho todo lo anterior, quiero matizar lo que dije sobre el 15M en mi última entrada sobre los resultados electorales. Lo primero es que, como parte de la izquierda, el 15M es partícipe de su fracaso general el 20N. No se puede despertar un movimiento social y político que contesta globalmente al sistema, que ha conseguido organizar manifestaciones impresionantes en todas las ciudades españolas, y que incluso ha conseguido prender la chispa en otros países occidentales, y luego no querer asumir responsabilidades en el hecho de que el 84 por ciento del electorado haya apoyado a aquellos de los que se decía “#nolesvotes”, y a las opciones más conservadoras del sistema al que se contesta.

No es que no se hayan fortalecido los partidos políticos que se presentaban a las elecciones y que incorporan -no de manera oportunista, sino desde mucho antes de que el 15M existiera- muchas de las propuestas del movimiento, sino que, tampoco han aumentado de manera significativa opciones políticas e incluso personales que -haciendo una interpretación cuestionable y generosa- podrían considerarse de contestación al sistema, como la abstención, el voto nulo o el voto en blanco. Además, creo sinceramente que, a través del quiste llamado #nolesvotes, UpyD es quién más se ha beneficiado del 15M. Y ya es paradoja que un partido de derechas, que niega su condición de tal, y que es una opción claramente conservadora -con actitudes integristas- del sistema emanado de la Constitución de 1978, que es el que ha convertido la democracia en una farsa, y al que sólo objeta el sistema de recuento electoral, porque piensa que hay otros que le pueden beneficiar, sea el que haya conseguido capitalizar con sus descaradas técnicas de maquillaje político el descontento contra el sistema que está en la base del 15M.

En cuanto a Izquierda Unida, creo que se equivoca quien piense que su aumento de votos procede del 15M. Creo que no es así, y que lo que ha ocurrido el 20N es sencillamente -y como ya ha ocurrido en otras ocasiones- que ha habido un trasvase de votos del PSOE principalmente. Y se equivoca quien piense que ese trasvase de votos es definitivo, porque no lo es: el PSOE, otro partido especialista en el maquillaje político lo sabe, y ahora se va a poner el colorete rojo para recuperar esos votos.

¿Ha habido alguna influencia del 15N en el 20N? Muy poca, en mi opinión: pequeños aumentos en los votos en blanco y nulo, y un apoyo ligeramente mayor del apoyo a opciones tradicionalmente muy minoritarias o que no logran entrar en el Congreso de los Diputados. El hundimiento del voto socialista, por otra parte, ha facilitado que la dispersión del voto tenga reflejo en una presencia mayor de partidos minoritarios en el Congreso. Pero esto hay que interpretarlo con cuidado, porque ser minoritario por sí sólo no significa nada, ya que entre ellos están opciones que forman parte claramente del bloque constitucionalista como UPyD y la FAC de Álvarez Cascos.

Se suele decir -es lo que me responde don Sebas Martín- que el 15M no busca influencia institucional. La respuesta es que esto es muy discutible. Entre otras cosas, porque como el movimiento no habla por una sola voz, pero sí hay muchas voces que hablan desde el movimiento, aunque no lo hagan en su nombre, el empuje de iniciativas como #nolesvotes o #aritmetica20N, que sí que han tenido un amplio seguimiento y se les ha prestado mucha atención, hacen pensar que muchas partes integrantes del 15M, o al menos quistes adheridos al mismo, sí buscan influencia institucional y electoral, y si el propio movimiento ni les desautoriza, ni les niega, pues no hay razones por las que no pensar que no las vea con simpatía.

Y aquí es donde viene mi crítica al movimiento 15M, y en concreto a su actitud ante las elecciones en general, y en particular ante el 22M y especialmente el 20N: creo que es un error no dar algún tipo de consejo u orientación sobre el voto, y es un error que se puede salvar fácilmente, sin necesidad de pedir el voto para ningún partido concreto. Es cierto que los problemas que el 15M ha puesto de manifiesto sólo se pueden solucionar cambiando el sistema político de cabo a rabo, pero no es menos cierto que el sistema pone en nuestras manos ciertos resortes que no hay razón por la que no utilizar. El 15M pecará de soberbia si no reconoce que entre los partidos políticos y las diversas tradiciones de la izquierda española, sus planteamientos y propuestas tienen, en muchos casos, una larga trayectoria. No reconocer eso, es pecar de soberbia y de ignorancia, y presentar a todas las opciones políticas como iguales es un error culpable, además de suicida.

Y para terminar: ¿ha hecho alguna aportación el 15M a la política “convencional” española? Quizás sí, y es paradójico que sea esto, precisamente: poner sobre el tapete y visibilizar el ánimo de una parte cada vez mayor de la población de reformar el sistema electoral. La pregunta es ¿para qué queremos cambiar el sistema electoral, si luego no lo vamos a usar?

Venga... meta ruido por ahí