Sí, con sus manos y con las de otros 19 hombres sin piedad -siete militares, tres miembros del Opus Dei, que supongo que ya habrán muerto reconfortados por los Santos Sacramentos y la Bendición Apostólica de Su Santidad, y otros nueve desalmados- que eran los integrantes del Consejo de Ministros que el día 19 de abril de 1963 fueron conminados por su Caudillo a emitir su voto personal acerca de la ejecución de la sentencia de muerte que había sido dictada contra el dirigente comunista Julián Grimau por un Consejo de Guerra ilegal, inmoral e ilegítimo presidido por un farsante que ni siquiera era abogado y que había negado al procesado incluso una simulación del derecho a la defensa, según manifestó una y otra vez su defensor militar. Todos ellos, sin excepción, incluido el Presidente Honorífico del Partido Popular, don Manuel Fraga, entonces Ministro de Información y Turismo, votaron a favor de la ejecución de la sentencia.

Hay que destacar que el papel representado por don Manuel Fraga en el asesinato de Julián Grimau fue principal, y no el de un miembro secundario del Consejo de Ministros que se limita a emitir su voto criminal y a olvidarse rápidamente del asunto, no sin antes visitar al confesor, por si las moscas. No. El hoy máximo representante institucional del Partido Popular tuvo una participación especialmente intensa en dicha tropelía y lo hizo con orgullo y con convencimiento absoluto de lo que hacía. Se ve que no ha visitado al confesor, al menos por este tema. Ni ganas.

Hay cosas que no hay que olvidar, y esta es una de ellas: Manuel Fraga mató a Julián Grimau. Hoy es un buen día para recordarlo. Una vez más, perdonen la autocita. El rencor antiespañol me puede.

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