No  sé muy bien cómo escribir lo que voy a escribir a continuación porque no quiero hacer daño a IU, una formación política a la que me siento muy cercano, de la que he formado parte durante años, y en la que militan algunas personas a las que quiero y muy cercanas a mí en lo político y en lo personal. Sin embargo, creo que, por diversas razones, debo escribir sobre la situación creada por la imputación de Miguel Reneses.

Es cierto que ya no puedo escribir como militante, porque no lo soy, pero no es menos cierto que los esfuerzos y los años de trabajo y militancia que me he dejado en IU, así como el apoyo que aún la presto desde fuera como ciudadano cuando creo que debo hacerlo, y  el hecho de haber votado en las últimas elecciones autonómicas la candidatura de Izquierda Unida, en la que iba Miguel Reneses, me permiten pronunciarme hoy sobre el asunto. En caso de que estos avales no fueran suficientes, apelo a mi condición de ciudadano, que me permite manifestar mi opinión sobre este y sobre cualquier otro asunto de carácter público.

Sin entrar a valorar si Miguel Reneses es culpable o inocente, porque de momento, y hasta que quien le acusa no consiga demostrar lo contrario, es tan inocente de las culpas que se le achacan como Urdangarín o Carlos Fabra de las suyas, quiero señalar que, como apuntaron ayer las diputadas Tania Sánchez y María Espinosa, al no dimitir de todos sus cargos, tanto de los internos de dirección de IU como de los cargos públicos que ostenta, Miguel Reneses está violando el código ético de IU.

Izquierda Unida, su dirección –como están haciendo en las redes sociales algunos de sus militantes- debería reclamar a Reneses que cumpla con él código que le obliga. Que él cumpla o no con ese código es una decisión personal, pero que Izquierda Unida no le reclame su cumplimiento tiene trascendencia política. Esto es muy importante, puesto que es precisamente la ética lo que diferencia a unos partidos de otros. Y si Izquierda Unida quiere realmente que los votantes nos creamos que no es como el resto de los partidos, debe cumplir las normas que a este respecto se ha dado a si misma, y no reclamar a los demás lo que no es capaz de demandarse a sí misma.

Si Izquierda Unida no cumple con este requisito, si no atiende al llamado que le están haciendo muchos militantes, simpatizantes y votantes en las redes sociales, así como algunos miembros de la dirección regional, perderá credibilidad ante sus simpatizantes y votantes. Pero a fin de cuentas, ser coherente o no con el código ético de IU es algo interno a IU. Se trata de una norma que IU se ha dado a sí misma, y ellos sabrán si quieren o no hacerla cumplir. Es evidente que ello puede tener importantes consecuencias externas, pero no deja de ser, a fin de cuentas, un asunto interno.

Sin embargo, como votante de Izquierda Unida en las elecciones autonómicas que llevaron a Miguel Reneses a ocupar el escaño que ahora ocupa y que no quiere dejar, mi preocupación es bastante mayor: ahí no se trata ya de un asunto interno, sino de un asunto político con importantes repercusiones. A pesar de las dudas que tuve, al final decidí votar a Izquierda Unida. Y por cierto, me llena de orgullo señalar que esa decisión la tomé muy a pesar de la presencia de Miguel Reneses en la lista, pero gracias al aval que para mí representaban Tania Sánchez y María Espinosa.

Hoy, como votante de IU, espero que la fuerza política en la que deposité mi confianza entonces, sea capaz de darse cuenta de que no puede estar representándola y representándonos a quienes les votamos un señor sobre el que pesan graves acusaciones de presuntos delitos de acoso sexual, presuntos delitos cuya comisión cree el juez lo suficientemente verosímil como para imponerle una fianza de 100.000 euros, que no es precisamente simbólica, a pesar de las escasísimas posibilidades que hay de que un diputado de la Asamblea de Madrid pueda darse a la fuga. Cuanto más tarde Izquierda Unida de Madrid en pedirle a Reneses que deje su escaño –de hecho, debería haberlo hecho ya la Presidencia Federal-, más se estará perjudicando a sí misma. Con ello, además, ni estará acusándole, ni estará presuponiendo su culpabilidad: sencillamente estará salvando su buen nombre, como ha hecho el Partido Comunista de Madrid, que le ha suspendido cautelarmente de militancia.

Ya.

Venga... meta ruido por ahí