España siempre la gobiernan animales. Es nuestro triste sino. Hasta noviembre, estuvieron a cargo del ejecutivo los camaleones, que cuando tienen responsabilidades de gobierno se ponen azulones, y cuando pasan a la oposición, rojo pastelón. Desde noviembre, nos gobiernan los dóberman.

Y parece que han llegado rabiosos: estamos asistiendo en estas primeras semanas de gobierno a una serie de campañas coordinadas por el Partido Dóberman (PP) y los medios de comunicación afines a la derecha radical: por un lado, una campaña de desprestigio no de los sindicatos –que esos a veces no necesitan campañas para desprestigiarse- sino de la forma en que la clase obrera decide organizarse para defender los derechos que ellos pretenden eliminar, y por otro lado con una campaña de terrorismo institucional contra jóvenes que han salido a la calle a demandar algo tan básico como calefacción en sus institutos.

Ayer -y en posteriores ocasiones tendremos tiempo de hacerlo de nuevo- hablábamos del asunto laboral. Hoy voy a ocuparme de las movilizaciones estudiantiles. En una ocasión escuché a Doris Benegas, que me defendió en un pleito contra mi empresa hace muchos años, porque CCOO –mi sindicato entonces- se negó a ponerme abogado, que cuando la paz social está en peligro, la represión preventiva arrecia. Eso es precisamente lo que está ocurriendo en Valencia, y probablemente se extienda al resto de España en días posteriores. El partido de los dóberman está lanzando en Valencia estos días un aviso a navegantes: “mucho ojito, enemigo–advierten-: si somos capaces de abrirles la cabeza a menores de edad como estáis viendo, y de forcejear con ancianas, qué no haremos con vosotros, violentos piqueteros, qué no se mueva ni Dios”. No se pueden explicar de otra forma los acontecimientos de Valencia.

Recordemos que todo esto empieza cuando hace unas semanas un estudiante es sancionado por la directora de su instituto por publicar en su blog unas fotografías en las que se puede ver a los alumnos en clase con mantas. La cosa se va calentando hasta que una simple sentada a la puerta del instituto Lluis Vives es atajada por los antidisturbios con especial violencia, causando heridos, e incluso deteniendo a un menor de edad.

Enemigo 300x220Las protestas subsiguientes son reprimidas con violencia y abuso de poder sin límite: se evita que los menores sean asistidos por sus padres, tutores o abogados, se les retiene en la calle, sin aclararles si están detenidos o no, se niega información a sus padres cuando la solicitan, se les amedrenta, se les pone contra la pared y se les cachea como si fueran criminales armados, se les mantiene en comisaría un tiempo mucho mayor del necesario y se retrasa horas y horas el ponerles a disposición judicial. Cualquiera que haya visto directamente a un antidisturbios en acción sabe que son unos sádicos que disfrutan con su papel de ejecutores de la represión –y no es un lapsus del Jefe Superior de Policía de Valencia llamar “el enemigo” a los estudiantes, es que así les consideran realmente-, pero la policía está recibiendo y obedeciendo órdenes precisas del gobierno: “hay que evitar como sea, como sea, que la gente salga a la calle en los próximos meses, por lo tanto, que cunda el pánico”. Y se están aplicando en ello. Eso, y no otra cosa, es lo que estamos viendo estos días en Valencia.

Por eso, la Policía no se para esta vez ni ante los representantes del pueblo elegidos en las urnas. Diputados de izquierdas, que estaban solidarizándose con los estudiantes han sido apaleados también. Esto entronca, además, con la campaña de deslegitimación de la política que están llevando a cabo el Partido Dóberman e incluso algunos voceros del sindicalismo vertical de la policía que actúan como tontos útiles de la extrema derecha en el gobierno, al sugerir que los estudiantes están siendo manipulados por sus padres y por sus profesores.

No estamos hablando de niños de 4 ó 5 años a los que sus padres –qué opinión tiene esa gentuza de nosotros, los padres, por cierto- o sus profesores usan como escudos humanos. Estamos hablando de jóvenes de 14, 15, 16, 17 años que están sufriendo en sus propias carnes un invierno siberiano sin calefacción en sus institutos y salen a protestar por ello. El gobierno no puede decir que se trata de una desgracia sobrevenida. Es que no hay calefacción en los centros públicos porque los curas y monjas que gestionan los colegios concertados han robado ese dinero a través de los gobiernos dóberman que han colocado por toda España. No es una catástrofe natural la falta de recursos de la escuela pública, es la consecuencia de decisiones políticas adoptadas por los gobiernos dóberman.

Por eso, los jóvenes protestan, y sus padres y profesores les apoyan. Por eso hay cuarentones y cincuentones en las manifestaciones: son los padres y los profesores de esos jóvenes, que están –estamos- preocupados por la escuela pública, la defendemos y vemos con orgullo que nuestros hijos e hijas se comprometan, aunque sea con cierta inocencia y con mucho desconocimiento, y desde el rechazo que provoca algo tan primario como que se hielan de frío en clase. No hacen pellas disfrazadas de defensa de la escuela pública: es que se hielan de frío en clase.

En el video que encabeza estas líneas, Mónica Oltra, abogada y diputada de Compromis en las Cortes Valencianas, dice que la Delegada del Gobierno en Valencia es una incompetente y debe dimitir. Se equivoca de cabo a rabo: está haciendo lo que le han mandado que haga, y lo está haciendo bien. No se le ha ido la Policía de las manos, sino que les ha dado mano libre contra “el enemigo”.

Y en eso están.

Y nosotros, ¿vamos a permanecer quietos y noviolentos?

 

Venga... meta ruido por ahí