29 M Apoyar La Huelga General 1 1151946Los sindicalistas son unos vagos que quieren vivir como rentistas y los empresarios son unos vagos que viven como rentistas, así que yo, que soy sindicalista y emprseario, soy un vago que quiero vivir como rentista, y por eso estoy a punto de salir de vacaciones de Semana Santa, que el viernes matamos a Dios, y hay que intentar que este año no resucite. A ver si lo logramos.

El caso es que no quiero irme sin dejarles unas notas sobre el 29M:

1.- Conseguir que en un día de diario, España tenga un nivel de actividad industrial similar al del dominigo anterior mediante la convocatoria de una huelga general es un éxito. Al margen de cifras de seguimiento, haber parado la industria, el transporte y la distribución de alimentos es un triunfo.

2.- Estamos acostumbrados que ante manifestaciones objetivamente masivas, la Policía y el gobierno (de cualquier color) diga que “entre 35.000 y 100.000 personas”. Ayer, el propio gobierno cifró la asistencia a las manifestaciones en 800.000 personas. No sé si los sindicatos han dado cifras o no. Pero la del gobierno es suficiente y habla por sí sola del apoyo masivo que tiene la resistencia a la reforma laboral, y del éxito general de la jornada de protesta de ayer.

3.- Tanto el gobierno como los sindicatos reconocen que la jornada se desarrolló con tranquilidad, sin incidentes y en un clima tranquilo, aunque con ciertos episodios de tensión a los que anoche, en Telemadrid, un representante de la CEOE quitó importancia y dijo que forman parte de la liturgia de la huelga. La violencia de los piquetes es un mito. Aún así, los cuatro heridos graves (al margen de la ingente cantidad de antidistutbios que se han roto uñas y cosas así) que se produjeron en la jornada de ayer son: una sindicalista a la que un empresario apuñaló (eso sí, sin hacer uso de la violencia); un joven que en circunstancias que no conozco se dio un fuerte golpe con posible perdida de masa encefálica; una persona que ha perdido un ojo como consecuencia de un disparo de una pelota de goma por un policía directamente a la cara, y otra persona a la que anoche estaban operando de urgencia porque un policía le había reventado el bazo de una patada. Para ser la violencia de los piquetes algo más que un mito urbano, es un resultado un tanto peculiar.

4.- Los empresarios, evidentemente, no usan la violencia para evitar la huelga. La usaron en el pasado, y han matado a mucha gente, pero ya no la necesitan. Hasta ahora tenían en sus manos otras formas de intentar evitar que los trabajadores se sumaran a las protestas, pero desde la aprobación de la reforma laboral, pueden usar el despido, de forma legal, para castigar a los huelguistas. Y sin duda lo están haciendo. Lo he visto yo, que en las primeras horas de la huelga estuve en un piquete ante la empresa que imprime, entre otros, El Mundo y Marca, y asistí a cómo varios directivos de la empresa les decían a algunos trabajadores presentes en el piquete que al día siguiente (hoy) habría consecuencias de su actuación. Eso también lo oyeron 5 guardias civiles y unos 8 policías municipales de Meco, y a pesar de que les pidió que como autoridades públicas se diesen por enterados de las amenazas y requirieran la identificación a los gerentes, se limitaron a dar evasivas y a mirar para otro lado, cosa que no hicieron cuando los piquetes trataban de entregar octavillas a los trabajadores que entraban a trabajar (y que pudieron entrar sin problemas). Incluso había un agente especialmente comprometido en empujar hacia adentro de la planta a los trabajadores que se paraban a hablar con los piquetes.

5.- Es muy difícil que el pequeño comercio pare en una huelga general. No es nada nuevo. El 14 D paró, porque aquella fue una huelga que, de tapadillo, apoyó la derecha, y pararon hasta los comercios del madrileño y odioso barrio de Salamanca. pero en general el comercio no para en las huelgas, aunque en muchos casos los comerciantes puedan simpatizar con las causas de las protestas, y podrían participar si se les planteasen formas alternativas de protesta. Esto es un problema, porque puede estar la industria, el transporte y la distribución parada, pero en cambio, dar una sensación de normalidad en el centro de las ciudades. Es lo que pasó en 2010, y en menor medida lo que pasó ayer. Llevar la huelga general al centro de las ciudades mediante la presencia de piquetes como el de las bicis de la CGT, que en ambiente fstivo con profusión de banderas rojas, visibilizaba la huelga y manifestaba que la situación no es de normalidad, es una buena idea, mientras que presionar a los comerciantes para que cierren, rompiendo lunas, no sólo es una mala idea, sino que es contraproducente por varios motivos: se pierden posibles aliados y se pierde la batalla de la imagen. Una luna rota en la portada de El Mundo vale más que un polígono parado, del que se habla en la página impar de la edición regional.

Vivimos en una sociedad de clases medias y sorprendentemente satisfechas, nos guste o no -y no nos gusta-, por eso, los sindicatos de clase deberían pensar cómo convertir a los pequeños empresarios y a los autónomos en aliados y no en adversarios que se sienten agredidos cada vez que se convoca una huelga general, que, además, finalmente, no va contra ellos, sino contra el gran empresariado y el gobierno capataz.

6.- Dicho todo esto: ¿la huelga ha sido un éxito o ha sido un fracaso? En mi opinión, como he dicho antes, en cuanto a seguimiento, la huelga fue un éxito, porque redujo el nivel de actividad industrial al del domingo anterior. Sin embargo, la realidad la vamos a conocer en los próximos meses: si el gobierno no cede, y los sindicatos y los trabajadores consiguen mantener la tensión y realizar otras grandes movilizaciones, es que tenemos más fuerza de la que el gobierno quiere hacernos creer. Sin embargo, y al margen de los datos, que sólo conocen a ciencia cierta sindicatos, patronal y gobierno, la huelga solo será un éxito si consigue enmendar la reforma laboral.

Quedamos, pues a la espera.

¡Viva la huelga general!

¡Viva la lucha de la clase obrera!

Venga... meta ruido por ahí