Anoche asistí a un curioso espectáculo policial. Ciertamente, la indignación y la sorpresa competían en mi espíritu por ver cuál de ambos sentimientos se hacía fuerte en la plaza. Acudí a una concentración en Sol autoconvocada a través de las redes sociales en protesta por las detenciones de trabajadores durante los últimos días, así como de las de los activistas detenidos como consecuencia de su acción pacífica de boicot en el Metro de Madrid. Una de tantas, una de las mucha que se han convocado durante años y años en Madrid y en otros lugares a las que con suerte acuden 100 personas que dan unas voces y se retiran. Ayer fue distinto.

Acudí con un amigo, y tuvimos que recorrer la Puerta del Sol dos veces de un lado al otro, buscando la concentración hasta que nos dimos cuenta -vi algunas caras conocidas- que una serie dispersa de grupos de tres o cuatro personas, quizás fuese la concentración. Así que ahí nos quedamos. No sé: podía haber a eso de las 20:00 horas unas 60 personas en varios grupos. Pero ni una pancarta, ni un cartel, ni un ruido, ni un grito. Podía ser la concentración, pero también podían ser sencillamente, la gente que hay en Sol habitualmente. Lo único extraordinario y fuera de lo normal era la presencia desproporcionada de fotógrafos, cámaras de televisión y policías antidisturbios. A los agentes no les conté, pero conté 19 furgonetas. Les prometo a ustedes que aquello parecía una manifestación de policías de uniforme. Si no había 100, no había ninguno.

En un momento determinado, los agentes empezaron a pedir identificación a las personas que allí había. No había concentración, nadie había dicho aún una palabra. Por supuesto, no hubo violencia. Técnicamente, eramos gente en la plaza. Nada más. Así que poco a poco, empezaron a sonar eslóganes. Si nos sancionan, que sea por algo real, debimos pensar: “Libertad activistas presos” y “Yo también tiré de la palanca“, fueron los gritos elegidos. En una media hora, identificaron absolutamente a todas las personas que estábamos allí, manifestantes o no, y marcaron con una crucecita a quienes les pedíamos a ellos el número de placa. Yo me quedé con la del que me identificó a mí, y no tengo claro si presentar algún tipo de reclamación o protesta. El alboroto generado, hizo que muchos curiosos se transformaran en manifestantes (y fueran convenientemente identificados por la relea policial, claro), y que multitud de turistas se acercaran a preguntar qué ocurría.

Total: una concentración que estaba llamada al fracaso de asistencia, a la que mucha gente dejó de asistir probablemente por el chaparrón caido dos horas antes, se convirtió en un absurdo espectáculo policial cercano a la histeria represiva. Cuando se cansaron de identificar a la gente (calculo que identificarían a unas 150-200 personas, de las cuales al menos la mitad no eran originalmente manifestantes) hicieron una cosa muy curiosa: dividieron el grupo en dos, y se pusieron en medio, en una fila muy recta. Y así se quedaron un buen rato, muy ufanos de su hazaña, hasta que la lluvia disolvió finalmente el curioso grupo humano allí formado.

Unos días antes, pasé por la Puerta del Sol. Comí con unos amigos por allí. Era el día del partido de fútbol ese que hubo en el que jugaban unos alemanes. La plaza estaba extremadamente desagradable, repleta de uno sujetos gritones y simiescos, unos locos nazis gigantoides (llevaban bufandas con símbolos nazis) que iban dando voces en alemán por toda la plaza. Serían lo menos 500 en varios grupos y eran molestos y desagradables. Había cuatro policías por allí, y por supuesto no les molestaron: eran los nazis de Merkel.  Me volví en metro a casa, y en la siguiente estación, varios pasajeros nos cambiamos de vagón porque había una banda de nazis dando voces y tirando botes de cerveza vacía por el suelo. Ningún policía les dijo nada, ni les andan buscando en las grabaciones de la seguridad del Metro.

Según acabo de saber, han puesto en libertad a los dos compañeros acusados de participar en el boicot pacífico al suburbano. Les les han impuesto una orden de alejamiento: deben mantenerse, como mínimo a 500 metros de las estaciones. Chachi, pues.

 

Venga... meta ruido por ahí



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