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El PSOE y el PP necesitan a ETA para sus cosas, por eso no terminan de liquidarla. La necesitan, precisamente, como está ahora, en estado latente, inactiva, pero presente. De ahí las condenas a los procesados de Bateragune: no les perdonan que iniciaran un proceso que ha acabado con el fin de la violencia y los asesinatos por parte de ETA. Al final, la política se impuso al terrorismo, y curiosamente, los partidarios de mantener la violencia y los asesinatos encontraron en el PP, en el PSOE y en sus gobiernos a los mejores aliados, dedicados enc uerpo y alma a zancadillear el proceso con ilegalizaciones encadenadas y encarcelamientos precisamente de los dirigentes que trataban de imponerse al terrorismo, como es el caso de Arnaldo Otegi, al que desde esta humilde tribuna quiero enviar mi apoyo, mi solidaridad y mi respeto, desde la discrepacia política.

Ahora, PP y PSOE se encuentran con un problema bien grave: la izquierda abertzale ha recuperado todos los apoyos que perdió durante los años en que no supo o no quiso imponerse a ETA, en incluso, gracias a la arbitrariedad antidemocrática de la represión política puesta en marcha y ejercida por PSOE y PP, es posible que haya ganado apoyos y aliados inesperados (yo mismo). Por eso, la izquierda abertzale podría ser la fuerza más votada, o al menos la que obtenga más representación en el Parlamento Vasco en unas nuevas elecciones autonómicas.

Es esta la razón que explica que, únicamente con razonamientos políticos (a sentencia de la Audiencia Nacional confirmada por el Supremo les acusa de diseñar “una estrategia de acumulación de fuerzas soberanistas”) además de absurdos y autodesmentidos (esta estrategia, según la sentencia, se diseñó ”en plena connivencia y siguiendo las superiores directrices de ETA”, con lo que ETA, al parecer ordenó su propia desaparición, ya que es esa acumulación, precisamente, la que se ha impuesto finalmente a ETA para que abandone la actividad terrorista) se haya condenado finalmente a seis años de cárcel a Arnaldo Otegi, Rafael Díaz Usabiaga, Arkaitz Rodríguez, Sonia Jacinto y Miren Zabaleta.

Arnaldo Otegi, Rafael Díaz Usabiaga, Arkaitz Rodríguez, Sonia Jacinto y Miren Zabaleta son presos políticos, porque han sido condenados en razón de su actividad política, como reconoce la sentencia, que les envía ocho años a prisión por tratar de organizar un polo político soberanista -que hoy es por cierto, legal y está representado en varias instituciones del Estado y de la Comunidad Autónoma Vasca- que se imponga a ETA para que ésta abandone la actividad terrorista, que es lo que finalmente ha pasado.

El PP y el PSOE han realizado una apuesta clara. La iniciaron con la Ley de Partidos, que ha dado lugar a tantos procesos de cazas de brujas ya en nuestro país. La apuesta es mantener a la izquierda abertzale fuera de las instituciones con el pretexto del terrorismo. Pues su apuesta hace agua por todas partes, porque ya no hay terrorismo, y la izquierda abertzale se puede convertir en la fuerza mayoritaria en las elecciones autonómicas vascas.

En este contexto, con ETA derrotada e inactiva, con los presos divididos  -los asesinos (no los políticos, que deberían estar en la calle)- no tiene sentido que continúe la represión contra el movimiento político, y que se mantenga en prisión a quien, de no mediar la represión y de habérsele reconocido su mérito por imponerse a ETA, podría ser el próximo lehendakari.

Quizás es que se trate precisamente de eso: de evitar que Arnaldo Otegi sea el próximo lehendakari.

Venga... meta ruido por ahí