Le acabo de mandar el siguiente correo electrónico a Andrea Fabra:

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Despreciable señora:

El otro día,  mientras el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy desgranaba ante el pleno del Congreso de los Diputados una amplia batería de medidas de recorte que afectan especialmente a a las clases desfavorecidas, ustedes, los diputados y las diputadas del Partido Popular realizaron una serie de gestos de desprecio de entre los cuales destacó el suyo: dirigiéndose a los 5 millones de parados que hay en España, y justo en el momento en el que Mariano Rajoy anunciaba el recorte de la prestación de desempleo, usted exclamó, como se ha podido ver en los vídeos: “¡Que se jodan!”, realizando previamente, como para subrayar su improperio, numerosos movimientos de su vulgar melena de rubia de bote, que parecen ustedes todas iguales.

Posteriormente hizo usted unas ridículas y soberbias declaraciones, en las que aseguraba que sus palabras eran impropias de su persona -la verdad es que no lo sé, ni quiero saberlo, ya que me produce usted un rechazo tan cercano con el asco, que no deseo conocerla- y que no iban dirigidas a los parados, sino a otro diputado de otro grupo que -según parece- manifestaba su indignación con la terrible agresión de clase que han perpetrado ustedes. Cabe, sin duda, la posibilidad de que sea usted una analfabeta que no sepa conjugar los verbos. No me extrañaría saberlo. Sin embargo, creo que es usted capaz de reconocer las personas y los modos de la conjugación verbal, y por lo tanto, de haber querido dirigir su improperio al tal diputado, habría dicho usted “¡Jódete!”, o “¡Jódase!”, empleando el modo imperativo y en número singular, al dirigirse a una sola persona. Pero no dijo usted eso, lo que dijo fue “¡Que se jodan!”, con lo cual tampoco puede aducir que se dirigía a la bancada socialista en su conjunto, que son varias personas, ya que en ese caso, habría utilizado el mismo modo imperativo, pero en número plural, diciendo “¡Jodeos!”, o “¡Jódanse!“.

No. Lo que usted dijo fue “¡Que se jodan!“, y lo hizo en el momento preciso en el Mariano Rajoy describía desde la tribuna los recortes de los que van a ser víctimas los parados. Utilizó usted el modo subjuntivo, el número plural y la tercera persona del presente, además de la partícula “que”. Todo ello deja bien a las claras a cualquier persona medianamente instruida -entre las que a buen seguro se encuentra usted- que se refería a los parados, y que con su expresión lo que manifestaba era su deseo de que los parados sufran todo lo posible. El modo subjuntivo, entre otras cosas, sirve para manifestar deseos, especialmente cuando lleva la partícula “que” delante, y el uso de la tercera persona del plural, y no la segunda del singular o del plural, deja claro que se refería usted a un número indeterminado de personas que no se encontraban presentes. Así que no hay dudas: con su improperio, lo que hizo fue manifestar su deseo de que los parados se jodan.

Hay un factor de contexto, además, que me lleva a pensar que usted desea que los parados -y en general, todas las personas que más van a notar en su vida cotidiana los recortes- sufran. Y no sólo usted, sino todo su grupo. Después le explicaré por qué creo que es así. Ahora, simplemente le recordaré una foto que quizás usted no haya visto, pero que circuló hace unos días por las redes sociales y mostraba el contraste entre la actitud de la ministra italiana de Trabajo, que lloraba mientras se aprobaban los recortes, con la de ustedes, el Grupo Popular, que aplaudían, sonreían, y proferían gritos como el suyo, como si hubieran conseguido una gran victoria, en una actitud que claramente significaba: “por fin lo hemos logrado“.

Como usted comprenderá, mi interés al enviarle esta carta no es realizar un análisis de su miserable discurso, ni preguntarme si conoce o no las implicaciones del uso del subjuntivo. La verdad es que todo eso me la trae floja, si me permite usted la expresión. Lo que pretendo es manifestarle mi más absoluto desprecio -en realidad esto es una frase hecha, porque lo que siento por usted es rechazo absoltuo, repulsión y vergüenza de que forme parte del legislativo- y explicarle que la razón de ese desprecio está en su propia persona -rechazo incluso su repulsivo aspecto físico, que parece que las hacen a ustedes con molde- y en lo que usted representa.

No es casual que sea usted miembro de una de las familias de los llamados caciques. Ya sabe usted: me refiero a las familias que han controlado España desde al menos el siglo XIX, y que pretenden seguir haciéndolo en la actualidad, con notable éxito, por cierto. Su desafortunada expresión -que no es ni mucho menos impropia de su persona y de lo que representa- lo que nos dice es que usted y los de su clase consideran que España es de ustedes, que España es como sus propiedades -las que declaran y las ocultas- y que aquí pueden hacer lo que quieran. Como describe Delibes en buena parte de su obra, ustedes nos lo dan, y ustedes nos lo quitan, y a jodernos. Ustedes, sin duda, tienen la sensación de que como consecuencia de ciertas circunstancias históricas y políticas que no vienen al caso, durante mucho tiempo han tenido que ceder terreno y aflojar la cuerda, pero ahora ha llegado el momento de poner de nuevo las cosas en su sitio. El Partido Popular es el partido de los caciques, es el partido de esas familias que han controlado España en el pasado, que la recuperaron a sangre y fuego en 1936, que, tuvieron que soltar un poco la soga en la transición y que ahora creen que de nuevo es suya y la cogen. Esta es la razón que explica el contraste entre la ministra italiana que llora y los diputados del PP españoles que se regodean entre aplausos y gritos de guerra cuando anuncian los recortes: ustedes están recuperando lo que creen que les pertenece y no entienden que no puedan disfrutar de ello como ha sido siempre. Y nosotros, pues a jodernos.

Esto es lo que quería decirle a usted, y dicho queda, pues.

Así que me despido, reiterando el desprecio superlativo que siento por usted, por su familia, por su partido y por lo que todos ustedes representan.

Le aprecia en lo que vale

Ricardo Royo-Villanova Martín