La verdad, navego en un mar de dudas. Y además, mi mar es interior, como suele ocurrir con los mares rusos, y está aislado o casi aislado de las procelosas aguas de la mar océana en las que se mueven para acá y para allá las corrientes marinas, así superficiales como profundas. En román paladino: en el pueblo, mi conexión a internet es tan mala que me impide informarme sobre la convocatoria a “ocupar” el Congreso el 25 de septiembre. Así que creo que tengo que formarme una opinión por mi cuenta y por lo poco que he podido leer, la mayor parte de ello en twitter, sin poder acceder a los textos de referencia. Publicar este post está, de hecho, resultando una tortura que sólo puedo superar por mi conocida voluntad de sodio.

Lo primero que me mosquea de la convocatoria es su carácter general de protesta contra todo el arco parlamentario, metiendo a todos los partidos en el mismo saco, y orientando la protesta, una protesta que se autoproclama como definitiva, como la que va a dar lugar a la caída del régimen y a un proceso constituyente, contra los políticos, así, en general. Ya he dicho muchas veces que esa es una batalla en la que yo no voy a entrar, salvo para combatir el discurso antipolíticos, porque creo que es injusto meter en el mismo saco a IU, Compromis, Equo, Chunta, ICV, Amaiur, Geroa Bai, BNG o ERC que PP, UPyD, PSOE, CiU o PNV. Además, me llama mucho la atención la deriva que ha tomado el movimiento “indignado” de protestar contra el bipartidismo PP-PSOE a protestar contra toda la “casta” política. Me llama la atención y rechazo la deriva.

Entronca directamente con lo anterior el tema de la perspectiva de clase. Una cosa es que a la luz de todo lo que ha ocurrido desde 1917, desde 1945 y desde 1991 haya que revisar la perspectiva de clase, y otra muy distinta es que haya que renunciar a ella. Al centrar la acción que se presenta como la definitiva, como la que va a dar lugar a la caída del régimen, y a la apertura de un proceso constituyente en la ocupación del Congreso de los diputados, se está dando un carácter “ciudadano” e interclasista al movimiento que lo hace estéril, ya que como mucho, va a generar un sistema político alternativo, pero sin tocar la raíz del problema, que es un sistema económico insostenible económica, social y ambientalmente que actualmente y en casi todas las partes del planeta, incluyendo la parte en la que vivimos nosotros, es incapaz de garantizar a las personas una vida digna y autónoma (la de vueltas que hay que dar para no decir “capitalismo”, caramba). Además, la gran cantidad de entidades y personas de procedencia conservadora y liberal, por ser generosos, que están apoyando la convocatoria nos permiten dudar tanto de de la posibilidad como de la voluntad de realizar cambios reales, es decir, cambios en el sistema económico.

Ell 25S representa, incluso en su vertiente escénica, un ataque frontal a la política, y deja de lado la economía, cuando el punto de vista debería ser justo el contrario. Estamos ante un episodio de lucha de clases, al menos a escala europea que plantea un nuevo reparto de la riqueza, una vez que se han reequilibrado los poderes tras la caída de la URSS. En ese proceso, se incluye un recorte de la democracia y de los derechos civiles y políticos que pasan, necesariamente, por el desprestigio de la política. No es la primera vez que ocurre: los militares fascistas españoles se alzaron contra la política en 1936, y los textos de José Antonio lo teorizan. No debemos atacar la política, sino reivindicarla, incluyendo a los políticos -que somos, o deberíamos ser, todos- como mecanismo de defensa frente a los ataques que se están produciendo en el plano económico. La política se hace en la calle y en las instituciones. Ningún movimiento político que renuncie a la lucha institucional y a los partidos políticos será otra cosa que un movimiento de predicadores.

Hay además ciertos elementos simbólicos que me preocupan, y he de reconocer que se trata de una limitación personal y no política en este caso: eso de una marcha hacia Madrid que termine en rodear el Congreso hasta que decida ceder sus poderes, bajo la consigna “Ocupa el Congreso”, y todo ello apoyado y jaleado en Twitter por reconocidos ultraderechistas que no ocultan, por ejemplo, su admiración por movimientos como Nuevo Amanecer griego, a mí me da que pensar, que temer y que temblar.

Para terminar, dos observaciones: la primera, y al margen de la convocatoria, hacia lo estúpido de la acción en sí. ¿Alguien se puede creer que una convocatoria que nace de una reunión semisecreta, con un manifiesto en el que no se echan de menos las faltas de ortografía, y unas actas surrealistas, va a derivar en un proceso del que salga una nueva constitución democrática, y un nuevo régimen político a gusto de todos y que a todos nos traiga la felicidad, cuando, de momento, lo que ha movilizado a la gente, incluyendo a los sectores tradicionalmente más conscientes, como los mineros, ha sido, la merma en sus salarios? ¿Quién va a poner en marcha el poder Constituyente? ¿Cómo se va a convocar dicho poder y con arreglo a qué normas se va a elegir? ¿Dónde van a ir a parar los poderes del gobierno que caiga como consecuencia de la aguerrida actitud de los acampados frente al Congreso? ¿Cómo se va a regir el país mientras los acampados en asamblea deciden todas estas cosas? ¿Hay quizás soviets de diputados obreros y campesinos ya elegidos y esperando para organizar la transición y no me he enterado?

La segunda observación versa sobre el carácter demasiado amparador y abierto del 15M. Y esto lo digo, sintiéndome parte del movimiento, aunque de manera un tanto flexible y laxa. El 15M no puede ser paraguas de todas las convocatorias peregrinas que se produzcan. Algunas asambleas han apoyado la convocatoria del 25 de septiembre y otras no lo han hecho. Sin embargo, la convocatoria está a ojos del público bajo su paraguas. En mi opinión, el 15M debe buscar alguna forma de expresión, si perjuicio de su funcionamiento asambleario, que le permita resolver este tipo de confusiones. Y además, debe aclarar si ampara a todos aquellos que muchas veces, intentan hablar en su nombre. Está bien eso de “El 15M somos todos y todas”. Pero hay algunos todos y algunas todas a los que no se debería admitir. Y en este caso, me refiero a quienes están apoyando esto con tanto entusiasmo desde círculos muy muy cercanos a la extrema derecha.

Termino como empecé, sin saber muy bien qué pensar, y pendiente de que mejore mi situación tecnológica para poder informarme mejor sobre todo esto. Pero de momento, por lo poco que he leído, y siguiendo mi propio entendimiento, creo que no apoyo la “ocupación” del Congreso el 25M.

Venga... meta ruido por ahí



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