No se le puede negar a Cristina Cifuentes una gran creatividad política, aunque yo prefiero negársela y calificarla de lo que es: una perra fascista con un coeficiente intelectual homologable al de una salamandra común, pero de las Salamandras más tontas, ¿Saben ustedes? La harpía ésta acaba de poner sobre el tapete político un curioso concepto: el “golpe de estado encubierto”. Ya ven ustedes, si esto se les hubiera ocurrido a los fascistas 100 años antes, la de disgustos que nos habrían ahorrado.

La II República, por ejemplo, no habría sido ahogada en sangre, porque el Generalísimo habría podido dar un golpe de estado encubierto, tranquilamente, en el sofá de su casa, entre rosario y rosario, sin que se enterase nadie, y el gobierno legítimo no se hubiera visto obligado a combatirlo, con todas las complicaciones y desavenencias familiares y entre vecinos, amigos y socios, que acarreó el asunto. Díez días mas tarde del golpe encubierto, habría llamado a don Manuel Azaña, y le habría dicho:

– Presidente: he dado un golpe de estado encubierto y he tenido éxito. Le ruego que abandone la presidencia y me la ceda inmediatamente.

Ya claro, don Manuel, pues no habría tenido otro remedio que ceder la jefatura del estado, porque al ser encubierto ele golpe, pues se habría dado cuenta demasiado tarde. Como mucho, habría podido decir, “¡caramba, qué golpe más inoportuno”, y retirarse a Alcalá de Henares, sin temer en absoluto a la represión, que sería por supuesto encubierta.

O Tejero, que podía haber dado su golpe sin molestar a tantos guardias y diputados. Sentados en una mesa camilla, con tres copas de Soberano – que es cosa de hombres- Milans, Armada y él habían podido dar el golpe de manera encubierta, tranquilamente, antes de cenar unos huevos fritos con morcilla de Burgos, cena española donde las haya, porque de lo que se come se cría. Y claro, al no haberse enterado nadie, ni haber salido por la tele, ni haberse llenado Valencia de tanques, porque en eso y no en otra cosa consiste el encubrimiento, pues el golpe habría triunfado irremediablemente, y entonces, pues don Alfonso habría llamado a su pupilo, entre grandes risotadas, habría dicho:

– Majestad, soy Alfonso, la autoridad competente, militar por supuesto. Que hemos triunfado. Voy para la Moncloa a avisar a Adolfo.

– Caramba, qué pilluelos habéis estado, enhorabuena, Alfonso.

Y Su Majestad habría llamado inmediatamente a Barcelona:

– Tranquilo, Jordi, tranquilo, que ha sido un golpe encubierto. Van a prohibir hablar en catalán, pero si lo habláis bajito, no creo que haya problema.

Y así sucesivamente…

Lo dicho: es boba la Cristina Cifuentes ésta, porque se puede ser fascista y boba, sin duda alguna.

Encubierto, dice…

Venga... meta ruido por ahí



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