Se ha ido mucha gente del pueblo. Y eso está bien, porque la conexión a internet va mucho mejor y ahora puedo leer la web. Así que quiero compartir con ustedes algunas cosas que, directa o indirectamente tienen que ver con lo que venimos hablando estos días.

En este panorama, ¿Qué se espera de la ciudadanía? ¿Cómo puede exigirse al pueblo que respete unas instituciones que han dejado de respetarle? ¿Por qué se empeñan los partidos del Régimen en que la ciudadanía siga acatando las normas que ellos mismos han violado y dinamitado?

Como el que ante el dedo que señala la luna se limita a mirar el dedo, los que reclaman respeto a las instituciones para arremeter contra las diversas movilizaciones que se preparan para el otoño, actúan con la misma miopía que aquellos que condenaron la acción del SAT apoyándose en argumentos legalistas. Si unos pocos carros cargados con alimentos de primera necesidad sirvieron para que se discuta de las consecuencias desbastadoras de los programas de ajuste, plantear si fue legal o no sacar los carros del supermercado es una intolerable frivolidad.

Tania Sánchez, La contrarreforma de la Constitución o el fin de las reglas del juego.

Suena a burla fácil pero no lo es. El auténtico problema de la izquierda en la constitución de sus partidos políticos es que estos no se forman como la unión de una serie de individuos que se unen para defender más eficazmente sus intereses concretos, sino como una congregación de iluminados que no solo saben qué no les gusta y qué reformarían en concreto sino también cómo debería ser el mundo justo hasta el final de los tiempos en sus más mínimos aspectos: piensan en la futura revolución. Así, es imposible llegar a un acuerdo mayoritario porque la idea que subyace es que el partido como movimiento político debe legislar cada momento de la vida presente y venidera: el partido es una iglesia. Y esto se ve muy bien en como los partidos de izquierdas han ido asumiendo ideologías, que no soluciones concretas, hasta llegar a ser una especie de tienda de los chinos: socialistas, ecologistas, feministas, federalistas, laicos, republicanos, … Nada puede faltar en el mundo del mañana aunque el de hoy sea pobre.

Enrique P. Mesa, “La casa común (otra más) de la izquierda

Cuando ayer supe de la noticia reaccioné con un tweet en el que me preguntaba cómo es posible que el máximo responsable de la economía de un país en crisis pueda permitirse semejante tren de vida. Inmediatamente me respondieron varios twitteros recordándome que es perfectamente legal que el ministro haga con su dinero lo que le parezca. Y lo cierto es que tenían toda la razón. Es legal que De Guindos tenga 600.000 euros para comprarse un ático; es legal que lo haga antes de que entre en vigor la subida del IVA decidida por él mismo para ahorrarse un buen pellizco; es legal que el ático se haya devaluado hasta casi una tercera parte de su valor inicial como consecuencia del desplome del mercado de la vivienda. No cabe duda, De Guindos es un tío legal.

Pablo Iglesias Turrión, “De Guindos o Cañamero: ser un tío legal o cagarse en Dios