Me manda don Dabitxo Piston esta interesante y vivida perpectiva sobre Carrillo. Y como me da la gana, pues aquí la publico para que la lean, porque para eso, este blog es mío y no de ustedes.

Voy a aprovechar el suceso de la muerte de D. Santiago para explayarme un poco en la red, cosa poco habitual en mí, ya que la adolescencia de mi cachorro de 12 años me deja sin energías ni tiempo para este lujo que es escribir. Hoy, sin pena ni gloria, -pues no estoy llamado en esta vida más que a currar mis 40 horas semanales hasta que me muera- he estrenado el hashtag #CarrilloImaginario en twitter, lo que me ha acarreado tres retuits y algún que otro unfollow. Lo he hecho de esa manera porque la sorpresa de ver cómo la izquierda neorupturista del Estado Español acogía a Carrillo como un icono a recordar de la lucha antifascista o anticapitalista ha provocado en mí una reacción violenta de miedo y asco a la desmemoria. Y a partir de aquí me explico.

Tengo 42 tacos, y llegué a vivir a Madrid, Vallecas, en verano de 1976. El 9 de abril del 77 mi padre -un chaval de 35- , que ya tonteaba con el PCE y tenía carnet de CCOO, nos llevó al mitin de la legalización en el Pozo del Tío Raimundo. Si algo recuerdo de la base militante y simpatizante del PCE en aquella época era su altura moral frente a aquellos personajes siempre serios, siempre enfadaos, de quienes descubrí más adelante que si eran mandones compulsivos era porque “para eso hemos ganado una guerra”. Pues bien, en cuestión de meses los enfadaos empezaron a estar más calladitos, y los risueños, los alegres recién legalizados ni iban ordenando la vida de los demás, ni abroncaban a los niños por diversión, y habitualmente te invitaban a patatas fritas en los bares. Para resumir, unos tíos simpáticos, aquellos comunistas.

Y cuando digo altura moral es porque ellos pusieron los muertos, los presos, los salarios de mierda, la carne de cárcel, cañón y burdel… y aun así lo único que querían era volver a intentar construir un país digno de ese nombre donde poder vivir sin tener que estar continuamente dándole las gracias y agachando la cabeza ante aquellos que vivían de las rentas de un baño de sangre. Y todo esto renunciando a una más que legítima revancha.

En esto, don Santi había metido la estanquera en la sede del PCE, dado su visto bueno a los Pactos de la Moncloa, se embroncaba con el PCUS pero Ceaucescu -en plena bronca con la URSS en el COMECON- va y le regala un Rolls. Pactaba y despactaba con unos y otros… Hasta que llega y toca votar en referéndum la Constitución. “Menos es ná” podia haber sido su lema para pedir el SÍ en esa campaña. Mientras tanto, las bandas fascistas bien ligadas a los aparatos policiales y militares, y algunas con protección aún más alta y lejana, campaban a sus anchas y asesinaban a ciudadanos -a veces ni siquiera de izquierdas- sin que al día siguiente fuera portada del ABC, y a veces ni de El País. Los empresarios utilizaban las nuevas leyes laborales para despedir trabajadores allá donde no habían llegado los sindicatos o donde éstos se plegaban a la doma temprana. Los jueces y la policía seguían maltratando y tomando decisiones arbitrarias sin nadie que se atreviera a pararles los pies… y era cuando el Partido pedía “paciencia” y esperar las “condiciones objetivas” para la lucha que ni la misma dirigencia se atrevía a crear. Aquí fue cuando la más extensa, disciplinada consciente y formada organización de partido que jamás haya existido en el Estado entró en barrena hasta su desaparición como primera fuerza de la oposición antifranquista, tirando a la basura 40 años de capital político esforzadamente conseguido (y con un poco de jeta, por qué no decirlo, hay que tener en cuenta que la potencia editorial del Partido en una época en que ni se soñaba con Internet le permitió en la práctica monopolizar la historia de la República, Guerra Civil y franquismo ).

Ciertamente confluyeron muchos factores. La sociedad volvió a tener fe en el consumismo tras el parón de la crisis del petróleo del 73, los últimos coletazos de la Guerra Fría, simplemente el relajarse al ver que las caras de siempre dejan de ordenar la vida cotidiana en los barrios y pueblos (no olvidemos las elecciones municipales del 79), pero sí que es cierto que un monstruo de varias cabezas –y sobre todo distintas voces, periódicos y emisoras de radio- comienza a aparecer en el horizonte de la izquierda: el Desencanto.

¿Hasta qué punto se le puede achacar a Don Santi el Desencanto? Un amigo al cual la tierra le está siendo leve desde hace varios años, trosko él, decía que el Desencanto es una trampa que sólo atrapa al que ya está encantado, algo parecido a cuando un enanito de cuento te atrapa en un acertijo y sólo puedes salir del agujero diciendo la palabra mágica.

Todos sabemos que si le metemos cuatro hostias bien dás al enanito de marras, que encima no tiene ni media hostia, ni palabrita mágica ni leches: Nos llevamos a la princesa, el tesoro, y el castillo pa una inmobiliaria… Pero aparte de un ejército rabioso y un rey cobardón, el encanto funcionó con las bases, y no supieron o no quisieron volver a la situación anterior. Un partido fuerte, disciplinado, extendido y blablablá… se fue al carajo… mientras don Santi fumaba en su piso de Reyes Magos, hacía chistes en el Congreso y escribía artículos para El País (de los ciegos, añado).

En 3, 2, 1, la heroína entró hasta la cocina (léase vena y corazón) de la juventud cañera, las sectas comunistas (algunas creadas en despachos ad-hoc) crecieron como setas alucinógenas, metiendo a la gente consciente y formada que huía del contitucionalismo en laberintos de discusiones dialécticas de las que nadie podía salir, el cainismo volvió a primer plano en el mundillo de la izquierda con sentencias a muerte por revisionismo-troskismo-fraccionalismo (faltaba el titismo, pero se nos murió Tito mientras tanto) dictadas por cuatro estudiantillos que se habían constituido en Tribunal Popular en pisos alquilados de Lavapiés o Chueca… Yy todo esto porque, aparte de cierto despiste ante una libertad recién estrenada, ante el giro copernicano del PCE en el 77, con Carrillo a la cabeza, mucha gente que había dado AÑOS de su vida al Partido sintió tal vacío que tuvo que llenarlo con lo primero que encontró en la calle y que ciertos oscuros personajes se encargaron de poner fácilmente a su alcance: Pensamiento sectario y drogas duras.

Tras toda esta historia algunos preguntaréis ¿Y? Pues bueno, que de aquellos polvos vinieron estos lodos. Todo aquello pasó, la cúpula del PCE no hizo nada por evitarlo excepto cuatro consejitos de abuelo tipo “no me gusta que te juntes con esos, que fuman”, y ahora estamos exigiendo de la izquierda un 100 cuando aquellos no dieron ni el 10… con Santiago Carrillo Solares a la cabeza.

Aquí tienen ustedes la colección de twits a los que hace referencia don Dabitxo en su artículo. Los añado, porque creo que ayudan a entender lo que nos quiere decir.

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Venga... meta ruido por ahí