Circula por la red un vídeo en el que un agente antidisturbios acosa a un periodista que es testigo de la razzia que 30 policías hicieron la noche del 25 de septiembre en la estación de Atocha, tratando de dar caza a ciudadanos que hubieran participado (o no) en la protesta Rodea el Congreso. El agente, en un momento determinado le dice que le va a sancionar por “vociferar voces” contra la Policía, y tras semejante esfuerzo intelectual, el agente ya sólo atina a señalar “efectivamente, caballero“, en lo que parece ser un ictus cerebral o algún tipo de bloqueo psicológico.

Vociferar voces” es lo que parece que les molesta que hagamos a los jerarcas de la dictadura del 78 y a su guardia pretoriana, la cada vez más tristemente famosa Unidad de Intervención Policial. Por eso, el otro día, el sátrapa Mariano Rajoy despreció en Nueva York -a dónde había ido para dar ante la Asamblea General de la ONU un discurso probablemente mediocre que pareció interesar tan sólo a una reducidísima minoría de diplomáticos, como muestran las fotos- a las decenas de miles de personas que esa misma tarde estábamos en la calle, reclamando una democracia capaz de garantizar el estado del bienestar, y añadió que a él quien le interesa es esa mayoría silenciosa que no va a las manifestaciones, es decir, que no “vocifera voces”.

Está bien el criterio del autócrata español, y creo que voy a intentar utilizarlo para hacer unos cálculos que me interesan más, y que al estar basados todos en datos oficiales contrastables procedentes de la web del Ministerio del Interior, son irrebatibles.

El 20 de noviembre de 2011, España tenía 47.021.031 habitantes, y el censo electoral se componía de 34.296.705 personas, a los que hay que añadir 1.482.786 personas más procedentes del CERA (Censo Español de Residentes Ausentes). Total: 35.779.491 personas con derecho al voto. De ellas, se presentaron a votar el 20 de noviembre de 2011 24.666.441, es decir, el 68,94 por ciento. 317.555 de estas personas votaron nulo y otras 333.461 lo hicieron en blanco, en total 651.016 personas. 11.113.050 personas llamadas ese día a las urnas no acudieron y 24.015.425 apoyaron con su voto a alguna de las candidaturas presentadas. De las 24.015.425 personas que votaron una candidatura, 10.866.566 personas apoyaron las candidaturas presentadas por el Partido Popular.

Ahora, vamos a aplicar a estos datos el curioso método de cálculo del dictador español para comprobar quién conforma realmente la mayoría silenciosa, es decir, quién no ha votado, y por lo tanto no legitima un sistema electoral corrupto e injusto que es la base de un sistema político que mantiene el control social por parte de la minoría explotadora sobre la mayoría explotada, y para comprobar también quién conforma la mayoría silenciosa que -suponiendo que a día de hoy el déspota de la Moncloa mantenga intactos sus apoyos- no quiere las políticas antisociales que está desarrollando. Veamos: frente a los que apoyaron al régimen votando en las elecciones, hay una importante minoría: 12.094.066 personas que optaron entre no votar y votar blanco o nulo frente a las 24.348.886. No es una mayoría sileciosa, pero es sin duda una importante minoría vociferante: de cada tres personas con derecho a voto, una optó por no legitimar al sistema con su sufragio.

En cuanto al apoyo directo a las políticas de recortes sociales y democráticos, y de represión que la dictadura de 1978 está imponiendo a la población española, ahí está Mariano Rajoy en franca minoría: 10.866.566 personas están imponiendo sus políticas a 24.913.375 personas, es decir, nos encontramos, lisa y llanamente, ante la dictadura del 30,43 por ciento del censo electoral sobre el 69,57 por ciento restante. Si nos fijamos en el total de la población -y no es inoportuno hacerlo, porque es el total de la población la que sufre en sus carnes la política de esa minoría que ha apoyado al Partido Popular- la dictadura es del 23,11 por ciento de la población sobre el 76, 89 por ciento restante, es decir, 10.866.566 personas imponen sus ideas y recetas a otras 36.154.456.

En fin: ya ven ustedes lo que son las cosas. A mí, este tipo de cálculos no me han gustado nunca, porque creo que el voto de la gente sólo se puede interpretar por lo que dice y no por lo que no dice. Es decir, puede que haya abstencionistas que se abstengan para deslegitimar al régimen, pero seguro que también los hay porque hizo un buen día y prefirieron pasarlo en la playa. Sin embargo, todos podemos hacer cálculos absurdos, y frente a los absurdos y maleducados cálculos del tirano pontevedrés, basados en prejuicios y mala intención política, se pueden hacer otros mucho más atinados basados en datos oficiales que la propia dictadura tiene en una de sus webs

Así que ya lo saben: si no quieren que la dictadura les utilice para autolegitimarse, piensen si deben o no votar en las próximas elecciones.

Venga... meta ruido por ahí