Hace unas semanas algunos celebraban que la presión popular ante el parlamento portugués había obligado al Gobierno luso a paralizar un paquete de reformas antisociales. Ayer, el presidente del Gobierno, el conservador Pedro Passos Coelho, anunciaba que ya no es posible hacer más recortes, y que es precisa una “ambiciosa reforma del estado” para poder seguir atendiendo las reclamaciones de Alemania y la troika de manera legal.

Y para poder llevar a cabo esa “ambiciosa reforma del estado” es precisa, a su vez, una  reforma  constitucional, por lo que el primer ministro luso ha llamado al consenso y a la responsabilidad al Partido Socialista. De momento, parece que los socialistas han dicho que no. Pero sin duda vamos a asistir en las próximas semanas y meses a una situación de extrema tensión en Portugal. La derecha va a intentar hacer la reforma constitucional, y para conseguir el apoyo del Partido Socialista -que en mi opinión llegará, y espero equivocarme- habrá presiones alemanas y todo tipo de amenazas de la troika, así como nuevas llamadas a la responsabilidad y al consenso. Se creará una situación de extremada tensión como la que hubo en Grecia antes de las elecciones, y finalmente la constitución – de una forma u otra- será reformada para poder seguir ahogando a la gente de manera absolutamente democrática, legal y constitucional.

Es un curioso sentido de la responsabilidad el que reclama el dignatario portugués a la oposición, y en especial al Partido Socialista. Lo digo, porque, por responsabilidad, y para resolver el problema que tiene el gobierno portugués -ya no puede recortar ni recortables infantiles sin violar la constitución- se puede tomar otra vía: aumentar los ingresos. No sé lo que pasará en Portugal. El otro día leí en alguna parte que simplemente actuar con determinación contra el fraude fiscal de las grandes fortunas, vendría a enjugar el déficit público varias veces. Y eso, sin subir los impuestos, simplemente con perseguir el fraude que hay con los actuales. Que digo yo, que si hay que reformar la constitución, la de Portugal, la de Grecia o la de España, pues debería ser justo en el sentido contrario. Lo responsable sería recuperar y blindar constitucionalmente un sistema fiscal progresivo y justo con el que financiar un estado del bienestar que no deje desamparados a los más débiles. Eso sí que sería responsable,  ahí sí que encontrarían consenso los conservadores o quienes lo propusieran. Pero se ve que la responsabilidad es diferente según quien la reclame.

En cualquier caso, me gustaría hacer dos observaciones para terminar: la primera, que seguro que Mariano Rajoy y su gobierno están mirando muy atentamente a Portugal, para ver si la vía portuguesa hacia la reforma constitucional abiertamente liberalpinochetista cuaja, porque si cuaja, copian el modelo, y aquí paz, y si no hostias. La segunda, que aquí, no les resultará tan trabajoso como a sus correligionarios lusos porque el PSOE ha dado pruebas sobradas de responsabilidad y consenso. Recordemos -y no lo olvidemos nunca, especialmente a la hora de votar- que la reforma constitucional que inició el desmantelamiento del estado del bienestar en España fue iniciativa de Zapatero, abiertamente apoyada por Rubalcaba y el Partido Socialista, y que logró suscitar la responsabilidad del PP, que ya tiene mérito eso, por cierto.