Como soy una principia de personas sólidas, o al revés que siempre me lío con esto, además de un ególatra grave y un exhibicionista del copón, he decidido hacer públicas una serie de normas que guían mi actividad twittera. Si no les gustan, no me sigan: ustedes se lo pierden. Con ellas pretendo que no vuelva a darse un descontrol como el de los días pasados. Quien vea que no las cumplo, puede reclamármelo apelando a ellas. Son las siguientes:

1.- Sigo a aquellas personas u entidades que pienso que pueden publicar cosas que me interesan. Seguir a alguien no implica ningún tipo de compromiso personal ni político. No estoy necesariamente de acuerdo con las cosas que dicen las personas a las que sigo.

2.- No creo en la reciprocidad. No exijo que me sigan a a las personas que sigo, ni sigo a todos los que me siguen. Entiendo que le pueda interesar a alguien que no me interesa, o bien que puede interesarme alguien a quien no le intereso yo. Eso es twitter.

3.- No pido explicaciones a quien me deja de seguir. Sólo si hay algún motivo más allá del simple desinterés las doy en privado en caso de que sea yo el que deje de seguir a alguien. Periódicamente, reviso los perfiles a los que sigo y elimino a aquellos que llevan más de tres meses sin twittear.

4.- Entiendo que los perfiles anónimos no son personas, sino personajes literarios o caricaturas. Puede ser que detrás de ellos haya bellísimas personas o esforzados luchadores, pero actúan con una personalidad supuesta y falsa, y es con esa personalidad con la que hablo, no con la persona que está detrás de ella. En principio, respeto a todo el mundo, incluidos los perfiles anónimos, porque no hay necesidad de crear un clima desagradable. Sin embargo, en cualquier momento, puedo insultarles o faltarles gravemente al respeto sin previo aviso. Así, por las buenas. Debe entenderse, naturalmente, que los insultos están dirigidos al personaje, entre otras cosas, porque no sabemos quién está detrás, que podría ser, incluso, yo mismo.

5.- Acepto hablar con todo el mundo de cualquier cosa (salvo de deportes y de ensaladas). Sin embargo, puedo dejar de hablar con perfiles anónimos cuando perciba que están tratando de usar el anonimato para sacar ventaja del debate. En concreto, si apelan a mis contradicciones -que las tengo en cantidades industriales y trato de ocultarlas con escaso éxito- corto en seco la discusión, ya que el anonimato de mi interlocutor me impide buscar sus propias contradicciones para ponerme en un plano de igualdad. Les advertiré siempre cuando considere que hemos llegado a este punto. En muy pocas ocasiones me disculparé ante un anónimo.

6.- Más allá de los anónimos están los pistoleros. Son pistoleros aquellos perfiles anónimos que actúan en comandita, y de esa manera insultan y trolean a otro twitero, así como los que, anónimos o no, amenazan. Cuando me caen encima pistoleros les insulto. Jamás me disculparé ante un pistolero.

7.- Avalo mis opiniones y mis twits con mi nombre, mis apellidos y mi foto. Respeto a todos aquellos que hacen lo mismo, o que de cualquier otra forma son identificables siguiendo algún enlace en la biografía o perfil. Aún así, la sangre me hierve con cierta facilidad, incluso con temperatura ambiente baja, por lo que es posible que les insulte o les falte al respeto. En ese caso, acabaré pidiendoles disculpas. Si no lo hiciera de oficio, cualquiera puede reclamármelo apelando a esta norma.

8.- La norma anterior no es válida para autoridades públicas o personas de relevancia política, como dirigentes políticos o sindicales. El insulto les va en el sueldo. Insultarles es de mala educación. Asumo que puedo ser un maleducado en determinadas circunstancias y acepto que me lo digan. Pedir disculpas en este caso depende de mi libre albedrío. El límite es la amenaza. Nunca amenazaré.

9.- Sólo bloqueo a spammers y pistoleros. No considero spammers a quienes twitean sus propias publicaciones. Sin embargo, la forma en que lo hagan me puede llevar a considerarles pesados.

10. Soy un chulo. Cuidao conmigo.

Venga... meta ruido por ahí



Tagged with →