Anda la izquierda española, sobre todo la de ámbito catalán –PSC y EUiA- lamentosa porque no les sale lo del federalismo. Yo ya les digo a todos los que encuentro que no les sale, sencillamente porque es inviable, pero nada, no hay manera, todos con el runrún llorón del federalismo. Este post se lo dedico a los que creen que los nacionalistas sólo son los catalanes y los vascos que se quieren separar de España, y que los españoles no somos nacionalistas. Lo somos, y al menos de cuatro formas diferentes, es decir, con cuatro formas de entender la nación española.

El nacionalismo español es el impulso irracional de mantener España unida tal y como la conocemos hoy, a pesar de que puedan existir –y de hecho probablemente existan- comunidades dentro de España que no se sienten españolas y que tienen la voluntad de dotarse de nuevas instituciones con las que perseguir sus fines políticos. En mi opinión hay cuatro versiones del nacionalismo español, en función del mito nacional del que se alimentan. Las describo a continuación, y aviso de que con una de ellas me siento moderadamente identificado.

1.- España, una, grande y libre. Es la que todos o casi todos identificamos con el nacionalismo español. España es una unidad de destino en lo universal previa a la política. La política española no tiene más remedio que recogerla y articularse en función de dicho mito. No se legitima ni en la voluntad de los españoles que viven hoy, ni en la historia, sino en una verdad incuestionada e incuestionable, la preexistencia de España y la necesidad de mantenerla. Esta versión del mito nacional está en desuso, y hoy sólo lo tienen en cuenta sectores muy minoritarios.

2.- La España de 1978. Es la versión actualizada del anterior. Pretende legitimar a España como tal en la voluntad constituyente de 1978, pero mantiene la preexistencia España como valor al garantizar su unidad territorial, y al negar el carácter nacional de las comunidades que conviven bajo el paraguas del estado español. Es decir, quiere garantizar en el futuro algo que siempre ha existido en el pasado, porque de otra forma no sería posible entender el afán por mantener la unidad territorial. Es la versión supuestamente democrática y moderna de la unidad de destino en lo universal, ya que sigue manteniendo que España existía antes de 1978 y garantiza que existirá eternamente. Para ello, busca legitimarse en la historia, pretendiendo que España ha existido desde hace muchos siglos. Algunos aseguran incluso que España es la nación estado más antigua de Europa, obviando realidades históricas como que no es hasta 1714 cuando aparece el estado español unificado, tal y como lo conocemos actualmente, y que hasta ese momento eran estados diferentes con legislaciones y cortes diferentes que simplemente compartían monarca.

3.- La España jacobina. Es la más racional de todas, a mi juicio, porque pretende fundamentar la unidad de España en la voluntad de los españoles que viven en este momento. Nunca se ha fundamentado en la realidad. En función de esta idea de España se constituiría una democracia real que no impediría el derecho de las diferentes comunidades políticas a crear nuevas instituciones, que garantizaría la igualdad de oportunidades y derechos de todos los ciudadanos, independientemente de su nacionalidad u origen cultural y que unificaría en un sólo estado la garantía de dichos derechos. Se trataría de un estado común y no central, en el que tanto la capitalidad como las instituciones estarían repartidas. En realidad esta idea de España la sostiene muy poca gente, y en cualquier caso, es inviable desde el momento en que aparece una comunidad política que plantea el deseo –y demuestra que esa voluntad tiene arraigo- de seguir su camino por separado.

4.- La España Federal. Sostiene la unión en una federación de varios estados que deciden compartir ciertas competencias. Podría pensarse que la España de las autonomías es un estado federal, pero a pesar de las similitudes formales, no lo es en absoluto. Por dos razones:

  • a lo largo de la historia de la España de las Autonomías se ha producido un tira y afloja entre dos fuerzas: el afán de las comunidades llamadas históricas en diferenciarse de las demás no sólo en la articulación política, tratando de conseguir competencias que no tiene el resto de las comunidades y el afán del estado central por impedir el desarrollo de ciertas competencias en las comunidades autónomas, en especial en las llamadas históricas, con la tendencia a considerar como agresiva la diferenciación cultural que en estas comunidades supone, especialmente, la existencia de un idioma propio. Este tira y afloja ha acabado ganándolo el estado central, por lo que las comunidades llamadas históricas han terminado por dejar de sentir como propio el estado autonómico y planteando diversas vías a la independencia. El fin de la actividad criminal de ETA, además, ha acabado por legitimar ante amplias capas de la población estas aspiraciones.
  • un estado federal se forma por la decisión libremente tomada de varias partes iguales de compartir ciertas competencias y reservarse otras. Esa decisión no existió en España, y la que se tomó, que fue transformar un estado centralista en otro descentralizado no se tomó en libertad, sino estrechamente vigilada –en este punto especialmente vigilada- por un ejército peligrosísimo de amplia tradición golpista que, de hecho, se reservó en la constitución el papel de garante de la unidad territorial de España.

En cualquier caso, actualmente, con la evidencia de la existencia de la voluntad, por parte de la sociedad catalana, y probablemente de la vasca de obtener la independencia, el federalismo se ha transformado en una especie de mantra que hace las veces de nuevo mito nacional español en el que se refugia buena parte de la izquierda española, y en especial, la izquierda española de ámbito catalán.

Más nos valdría a todos darnos cuenta de que España es ya un estado inviable, por lamentable que eso nos pueda parecer a muchos, y que el afán centralista de los nacionalistas españoles descritos en los puntos 1 y 2 ha dado al traste, al menos de momento, con la unidad de España, y ponernos todos a trabajar en un nuevo pacto leal para que la separación se culmine de la manera menos traumática para todos, porque, de una u otra forma, vamos a seguir compartiendo intereses y relaciones de todo tipo.

 

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