Despreciable señora:

Le escribo para agradecerle que haya decidido usted no querellarse contra mí. Aunque pueda parecer imposible, ello mejora algo la precaria imagen que tengo de usted. Al parecer, ha decidido usted poner una querella contra todos aquellos que, al amparo de un “nick”, y de un anonimato que es más imaginario que real, la insultan y amenazan por la red, a usted, y a algunas personas de su familia.

No es mi caso, y lo celebro, ya que una querella siempre es algo muy desagradable, aunque en mi caso, sin duda alguna, la habría ganado, ya que, como usted a buen seguro sabrá, jamás la he amenazado ni a usted ni a sus parientes, que no tienen culpa alguna de su miseria moral (la de usted, no me malinterprete). A ellos sólo les deseo que alguna vez logren la libertad de criterio suficiente para que puedan tomar conciencia de quién es usted y lo que está haciendo.

Es cierto que la he insultado, pero nada grave, y mucho menos de lo que usted merece. Además son insultos que no reflejan en absoluto el desprecio infinito que siento por usted, y yo no soy de esos cursis que piensan que desprecio es no hacer aprecio, sino que pienso, mas bien, que deprecio es aprecio negativo. Por lo tanto, el insulto que le suelo dedicar por el twitter no refleja en absoluto lo que siento por usted, sino que lo suaviza enormemente. Tampoco es tan grave llamar “perra fascista” a la Delegada del Gobierno y voy a seguir haciéndolo.

Y lo haré, porque es usted un personaje político; más aún, una autoridad pública con responsabilidades de gobierno, y como tal está sujeta a la crítica. Me dirá -con parte de razón- que la crítica política no precisa del insulto, y le responderé que, efectivamente, no lo precisa, pero que tampoco está de más, especialmente cuando el insulto refleja la impotencia que sentimos muchos ante esa extraña pinza que forman ustedes, quienes trabajan por la destruccion de todos los logros democraticos y sociales obtenidos en decenas de años de luchas, ahora que se sienten fuertes para robarlo todo, y un pueblo que aún se cree el cuento de la clase media y que no se decide a responderles con la contundencia necesaria y que merecen.

Es pues un simple desahogo inocente llamarle a usted perra fascista, desahogo que entra dentro de lo tolerado a la crítica política, como han avalado sentencias anteriores y como, por otra parte, entendió perfectamente don Felipe González, que dijo aquello de que los insultos le iban en el sueldo, e inteligentemente, les restó importancia. Lamentablemente, no puedo decir lo mismo de José María Aznar, que, ante una situación parecida respondió con histeria y mala educación, de una manera absolutamente impropia para todo un presidente del Gobierno. Y aquí me tiene usted, citándole como ejemplo a don Felipe González, a quién considero mi enemigo personal, porque me envió a la cárcel dos años cuatro meses y un día por mis actividades políticas, pero a quien usted no llega ni a la parte baja de la suela de los zapatos.

Por otra parte, quiero manifestarle que coincido con usted en valorar muy negativamente el anonimato en internet, especialmente si internet se usa como vía de participación política. Lo he dicho otras veces, y he tenido algunos conflictos por ello, incluso con algunos de mis conmilitones. Creo que en política hay que dar siempre la cara, especialmente cuando nuestro adversario -en este caso, enemigo, pues así la considero a usted- está expuesto y no puede ocultar su propia identidad. Yo siempre lo he hecho, y valoro como se merece el hecho de que haya decidido excluirme de su querella por ello, ya que, como puede comprobar a nada que vea mi perfil de Twitter, estoy perfectamente identificado, y mi Twitter en todo momento remite a este blog, que no es en absoluto anónimo, por no hablar de que, antes de que se convirtiera usted en una depravada tirana destructora de las libertades y conculcadora de nuestros derechos, algún contacto habíamos tenido por el Twitter y sabe usted de sobra quién soy.

Y yo creo que no quiero decirle nada más. Quizás, simplemente, rogarle que me desbloquee en el Twitter. Le aseguro, que, como hasta la fecha, los insultos serán sólo para usted, que no habrá, como no las ha habido hasta la fecha, amenazas, y que desde luego nadie de su esfera privada se vera envuelto en ellos. Se lo pido porque hay algunas cosas que me interesa que lea, y, aunque sé que las lee por persona o policía interpuesto, preferiría que lo hiciera directamente.

Sin otro particular, queda a su disposición para lo que guste, y le reitera que la aprecia en lo que vale

Ricardo Royo-Villanova