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No, claro, es que así cualquiera se lía.

Con esos deeneises, que parecen estar pensados para engañar notarios, registradores de la propiedad y ministros de Hacienda, cualquiera se confunde. El Caudillo, el 1, como debe ser. Le siguen la collares, es decir, la señora del Caudillo y Carmencita Franco, que tanto ayudó a los niños pobres en su más tierna infancia, razón por la que merece sobradamente el 3. En 1965, que es cuando se expidieron estos deeneises, España aún esperaba que la primera familia de la patria tuviera progenie, por eso dejaron 7 números libres, que nunca se sabe, y en una familia religiosa y como Dios manda, pues eso, que Dios manda a los hijos por docenas. A mí me parece que pecaron de optimistas, y que no tuvieron en cuenta que los caudillos no pecaban ni amparados por el sacramento del Matrimonio, y claro, así, no siendo uno carpintero, Dios no manda nada. Y no es de extrañar, porque mientras la Caudilla se encerraba en la alcoba, picarona, a hacer como que limpiaba sus joyas, con las rodillas ligera y descuidadamente descubiertas, pues el Caudillo -frugal y austero- ni se fijaba en tales provocaciones. Desgraciadamente, sólo se interesaba por el cine en los ratos escasos en que no estaba firmando penas de muerte. Así que, por hache o por be, el caso es que Dios no mandó nada más, y esos deeneises quedaron libres y sin prócer alguno, cuya identidad justificar y representar. El número diez le tocó, naturalmente, al Príncipe de España, que por aquellas fechas juraba lealtad a un régimen, y no juraba en falso, según vamos viendo en la actualidad. Su señora, la de Grecia, el número 11, la futura ex-señora de Marichalar el 12, el 13 quedó prudentemente libre -ahora, si eso, se lo podían adjudicar a doña Corinna, que parece que tiene mando en plaza, con la legítima prácticamente trasladada a Londres, a la vera de Constantino, que a saber que deeneí tiene-, y el 14 fue a parar a la futura señora de NOOS digo de Urdangarín. Y eso lo explica todo, porque el 14 es un número complejo, no es ni 15 ni 13 -eso sería otra cosa-, y eso le da personalidad. Es un número que se confunde, fácilmente, por ejemplo, con el 44898736, o incluso con el 1189386, y es fácil que aparezca por accidente en escrituras de compraventa.

Miren, las cosas como son: con este jaleo, es normal que cualquiera se líe y cometa un error.

O incluso trece.

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