1361101425_extras_ladillos_1_0Despreciable y ponzoñoso mercachifle:

Te escribo con el mayor ánimo del mundo de ofenderte. Quisiera causarte el daño personal que con tu actuación nos causas tú a los demás. Quisiera que sintieras la humillación que he sentido yo esta mañana, cuando he llevado a mi hijo a una revisión medica rutinaria al Hospital Niño Jesús y me he topado, por primera vez y cara a cara con vuestros putos recortes. Este es el objetivo principal, y no otro, de esta carta que escribo presa de la ira más violenta. Aunque supongo que no la leerás. Eres un cobarde por no acudir a los centros de salud y a los hospitales a dar la cara y a explicarnos a los madrileños y a las madrileñas que los usamos lo que nos estás haciendo, y el mal que nos estas causando. Ya me he calmado un poco, pero esta mañana, en el Hospital, si te hubiera visto, habríamos tenido un problema. Tú de salud, y yo legal, porque no habría dudado en caer sobre ti hecho una hidra. Tus decisiones políticas, tu ánimo de enriquecer a tu despreciable clase social, están causando graves perjuicios a muchas personas.

Debes saber que he pasado la mañana en el Hospital Infantil Niño Jesús, un hospital público, orgullo de la ciudadanía madrileña, por la calidad de sus servicios y por sus médicos, que si no son autoridades científicas de reconocimiento internacional en una cosa, lo son en la otra. He pasado toda la mañana esperando a ser atendido en una consulta de revisión para la que tenía cita mi hijo. Durante horas, he deseado fervientemente que te pille el peor de los ébolas catalogados y conocidos. La cita era a las 10 de la mañana. Nos han atendido a las 12:00 y es la una cuando escribía estás líneas, sentado en una sala de espera masificada, presa de la ira más destructiva. Y ahora, tras la consulta, me queda al menos otra hora de espera, nada menos que para pedir cita para la próxima visita.

Desde que mi hijo Artur vino a España, tras el proceso de adopción en Rusia, está sometido a controles médicos periódicos en el Servicio de Pediatría Social de dicho hospital. No tiene nada grave, pero como seguro que sabes, los niños y niñas adoptados en Madrid son asignados a uno de los servicios de Pediatría Social, donde son especialistas, entre otras cosas, en el tipo de trastornos que suelen traer quienes han sufrido abandono y han pasado por un periodo más o menos largo de institucionalización antes de la adopción. En los tres años que llevo acudiendo varias veces al año a este servicio no he tenido mayores problemas ni molestias que alguna espera moderadamente larga. Nada grave, en cualquier caso. Esta mañana, sin embargo, he percibido hasta qué punto están afectando a la calidad del servicio y de los cuidados que reciben nuestros hijos e hijas los recortes en las políticas sociales que estáis llevando a cabo vosotros, ponzoña que sobra en el mundo, con el único objeto de robar el dinero que la sociedad invierte en su sistema sanitario público. Y he percibido también el desprecio con el que vosotros, partida de malnacidos pijos peperos de mierda, tratáis a los usuarios de la sanidad madrileña. No puede explicarse de otra forma la nueva política de solicitud de citas que habéis implantado, que más parece un castigo al usuario de la sanidad pública que otra cosa.

Cuando llegamos al hospital sobre las 9:45 y anunciamos que vamos al servicio de Pediatría Social, nos encontramos con que les han desalojado del edificio principal y les han mandado a un barracón prefabricado que hay en el patio. Es que hay obras, nos aseguran, avergonzados, los empleados a los que preguntamos. Llegamos al barracón y segunda sorpresa: no hay personal auxiliar. Sólo una administrativa para atender a varios médicos, y no da abasto con el teléfono, las citas, las idas y venidas de historiales…. Pero no sólo ella está agobiada: según podemos comprobar, el número de médicos del servicio es ahora menor, y el que nos atendía habitualmente ya no está. Nos va a atender otro doctor. La confianza en los médicos del Hospital Niño Jesús es absoluta, eso no me preocupa demasiado, lo que me preocupa, nos preocupa, es que ahora, la mitad de médicos tengan que atender a los mismos pacientes. Dos horas más tarde de la cita que nos dieron, pasamos a ver al médico, que nos atiende estupendamente, aunque, como no conocía a Artur, nos dedica casi una hora, para leer su historia, reconocerle y hablar con nosotros. Lo dicho: los médicos son estupendos. Nos pide que le hagamos al niño una radiografía, cosa que hacemos en el momento, y que pidamos cita con él en 20 días para ver el resultado.

Tercera sorpresa: ya no se puede pedir cita por teléfono, ni por correo electrónico, ni mediante ninguna web. Sólo se puede pedir cita de manera presencial. Es decir, que si trabajo y mi hijo necesita ir al médico, tengo que pedir permiso en el trabajo, y perder al menos dos o tres horas en desplazarme al hospital para allí, de manera presencial, pedir la cita, y echar la mañana en ello, porque para pedir cita, hay que hacer cola, y una cola muy larga. Cuando llegamos a admisiones, que es dónde se pide cita, nos encontramos con que tenemos el turno 91. Por delante de nosotros hay 82 personas: van por el 9. La sala de espera es minúscula, y sólo dos personas atendiendo a la gente, y en muchos casos, especialmente para las primeras visitas, repitiendo el indignante mantra que les mandáis desde el PP: “hay una espera de tres meses. Si quiere usted, le podemos derivar a una de estas clínicas“… y recitan un listado de clínicas privadas. Un médico, después, nos aseguró que es mentira, y que algunos servicios sólo están masificados como consecuencia de la desaparición de facultativos.

Si de mí dependiera, os lanzaba vivos al Océano Pacífico desde un avion militar. ¿Cómo tenéis la desfachatez de destrozar un hospital público que era una referencia, para mandar a los pacientes a clínicas privadas, de los que probablemente sois accionistas vosotros o vuestros testaferros?¿Pero qué tipo de mangantes sois? ¿Es que no tenéis vergüenza, ponzoña? Sois peores que los terroristas. Mucho peores.

Término con un deseo: que sufras en la enfermedad las mismas humillaciones y padecimientos físicos que estáis causando a los usuarios de la sanidad madrileña, que son muchos…

Me despido manifestándote mi mas absoluto desprecio, y te advierto que por desprecio no debes entender ignorancia, sino odio.

Ricardo Royo-Villanova
Usuario de la sanidad pública madrileña.

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