wertcocineroQueridos Amigos y Amigas, Damas y Caballeros:

Corren algunas encuestas por ahí en las que se habla del fin del bipartidismo, de que éste no toca fondo, del apocalipsis del PPSOE, de la concatenación de los exorcismos… De la repanocha, vamos.

Lo cierto es que estos sondeos no valen para mucho, entre otras cosas porque alrededor de la mitad de las personas que se dignan a contestar un sondeo electoral no declara su voto o dice que no va a votar; porque queda mucho para el siguiente proceso, o porque se hace para las Elecciones al Parlamento Europeo (EPE para abreviar), lo que dicen por ahí que ha hecho Metroscopia para El País: cruzar resultados de otros cuestionarios (sin hacer sondeo real) y utilizar como referencia las coaliciones que se presentaron en 2009, es decir, pura basura propagandística vestida de gráficos de pastel. Qué ricos.

Lo interesante de los datos de CIS, Metroscopia y  -¡oh, dioses!- Celeste, esa empresa que vaticinó el triunfo del PSOE en Rivas en unas Municipales en las que IU arrasó, dan una bajada importante del PPSOE pero no dictaminan ni una derrota clara del PP ni que el capazo de UPyD e IU logre recoger lo que se desprende de esa bajada. UPyD debe estar metiendo en ese capazo más votos del PSOE que de sus primos más a la derecha. IU no acaba de poder plantear un sorpasso que no es, por el momento, más que un sueño erótico de alguna vieja guardia. Pero eso será objeto de ulteriores análisis más profundos.

En conjunto, tampoco parece que los animosos pero inoperantes muchachos del 15M vayan a cuajar un proyecto electoral, entre otras cosas por su alergia a formar partidos, y Equo está tan ninguneado por los mass media que no pasa de ser una alternativa al alcance de unas élites que leen muchos periódicos o pasean por el retiro con ánimo de afiliarse a algo.

No nos hagamos ilusiones, no obstante. El voto duro del PP está en el 30% y de ahí no baja. Es un voto futbolero: voto por los míos hagan lo que hagan. Salen de misa, dejan la papeleta de las gaviotas-buitres y se van al restaurán a comer con Fefa, Pototo y Borja Povedilla, de los Povedilla de toda la vida. Y Santas Pascuas. La izquierda, en cambio, aún busca definir qué es en el Siglo XXI eso de la izquierda, la revolución y la transformación, se pelea consigo misma o se abandona a los brazos de las energéticas, los bancos y la geopolítica, tan cara al PSOE desde que no es ni S, ni O (y va camino de no ser tampoco P ni E).

¿Qué hacer ante tanta incertidumbre? Como explicamos brevemente en nuestro post anterior, acudir a la “cocina”. No para poder prever los resultados. Eso en este momento es casi imposible. Se trata de hacer propaganda. Los titulares que hablan del fin del bipartidismo son un “¡que vienen los rojos!” en versión demoscópica, incluso aunque los que más vienen son los ahijados de esa señora tan rara que fundó un partido de derechas vestido de izquierdas porque no fue elegida Secretaria General del PSOE.

Y esa acción propagandística llamada cocina jamás ha tenido un chef como nuestro ínclito Ministro de Cultura (¿?), J.I. Wert. El apellido más fácil de mecanografiar de la historia. Este caballero, en las Elecciones Generales de 1996 obligaba a sus adláteres a corregir los resultados de sus propias encuestas (Sigma 2) para que en las portadas de El Mundo saliera una previsión de diferencia, a favor del PP frente al PSOE, de unos 11 puntos y una proyección de escaños de 170-179 para los populares y de entre 113 y 121 para los de González; es decir: consiguiendo o al borde de la mayoría absoluta. Los resultados: la famosa “derrota dulce” del PSOE; una diferencia del 1,16% traducida en 156 escaños para el PP y 141 para el PSOE. De los 23 a 29 escaños que Wert, porque sí, porque le daba la real gana, adjudicaba a IU, se pasó a los 21 finales. Casi nada. Incluso el País (a Demoscopia, ahora Metroscopia, no le fue mucho mejor), tuvo que hacer un artículo entre la indignación y la perplejidad:

Los sondeos volvieron a fracasar (El País, 4/3/1996)

Hay más cagadas (casi en todos los comicios hay varias y grandes). Pero con esa altura, ese aroma de cocina deconstructiva, con esa deportividad para aderezar los datos con intereses oscuros, propaganda cuartelera y una pizca de descaro y de pasarse por el forro la ética profesional… Ah, no, amigos: eso solo lo consigue un ministrable del PP, un tertuliano ínclito de la SER, un verdadero ejpañol.

Por cierto, cuando lean, queridos amigos, resultados del obSERvatorio de la SER (dirigido, por cierto, por una gran profesional, exdirectora del CIS), sepan que eso también es alta cocina. Los cuestionarios se pasan por… ¡Internet! Sus resultados tienen la misma fiabilidad, aproximadamente, que las predicciones de los horóscopos televisados de madrugada. Eso sí: salen más caros. No se fíen, no se fíen. Cuando no mienten, se equivocan.

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